Agobio tiene tres «A»

Esa sensación de hastío me es familiar. Abro paréntesis, me pregunto si la palabra estío tiene que ver con el hastío, etimológicamente hablando.

La sensación a la que me refiero es aquella en la que tengo una mezcla de no querer hacer nada con una lista potencialmente interminable de cosas sin hacer. Siento el estómago totalmente del revés, como un calcetín al que se le ve la costura.

En las últimas semanas, más personas a mi alrededor se dan de baja. Se ven forzadas a hacer una desintoxicación de entorno y ciertamente, suscribo. Se desinstalan las aplicaciones de redes sociales y buscan un descanso forzoso que, de lo contrario, no seríamos capaz de darnos.

Pierdo el tiempo con mucha facilidad. A veces me preocupan cosas que no tendrán trascendencia. Me siento fuera de control y no es agradable.

Es una mezcla entre un estrés que marea y un detenimiento paralizante. Y sin ánimos de ponerle más énfasis a los síntomas, pasaré al tratamiento.

Advertencia: la siguiente mitad de este texto no contiene meditación o yoga como buenas prácticas, no porque crea que no funcionan para esto en particular, muy al contrario, es porque siendo lo más evidente, ya hay mucho escrito sobre el tema.

AMBIENTAR

Escribo ésta en primer lugar puesto que estoy bastante segura, será la menos popular y ya así, nos la quitamos del medio.

Como toda buena trama es necesario situarla correctamente, y la verdad es que vivimos en un mundo que es una fuente inagotable de problemas, catástrofes e injusticias que muy probablemente ni tú ni yo estamos viviendo en carne propia. Algunas sí, pero te aseguro que no todas.

Con lo que, de una manera extraña, mi propuesta para dejar de sentirnos particularmente desagradecidos y descontentos es recordar que somos parte de ese mundo, y verlo desde una perspectiva de yaya regañona que te diga cerca del oído: ¡¿quieres que te dé para que llores con motivo?!

Entonces, como no reparto guantazos online aunque hay un mercado para todo, el único antídoto que se me ocurre son los siguientes podcasts:

Las raras podcast – creo que todos los capítulos duran menos de 30 minutos, que es prácticamente la única regla que tengo para darle una oportunidad a un nuevo podcast.

Considero que hacen un buen trabajo en traernos pedazos de ese mundo que muchas veces obviamos, mientras estamos mirándonos al ombligo.

Sí, la mayoría de los episodios no son alegres, pero sí que son relevantes y pueden inspirarte, hacerte sentir que hay mucho por lo que luchar y con suerte, te darán fuerza.

Cronoficción – también por debajo de los treinta minutos, es de lo más original que he encontrado en podcasts. Por una parte, porque no corresponde a una entrevista como usualmente, sino que son pequeños relatos basados en hechos reales de personajes históricos. Dejo aquí el de María Antonieta.

Creo que sirve de mucho cuando queremos desconectar de un día difícil, evadir la realidad o bien, simplemente descansar los ojos y practicar la escucha.

APUNTAR

Atención al dato que esto viene de una profesional, que no soy yo, ojo. Generalmente en una situación de miedo sobrecogedor, o en la que te sientes agobiadx, es recomendable hacer una lista (escribiendo a mano) de todos esos miedos que tienes en la cabeza y así, percatarte de dos cosas:

Lo primero, que la lista es finita, tiene un principio y un final. Lo cual representa ya en sí un alivio puesto que previamente, puedes llegar a imaginártela como una masa deforme de nudos.

La segunda, es que la mayoría de las cosas listadas están en tu área de influencia, es decir, que puedes tomar ciertas acciones para evitarlas o mejorarlas.

APRENDER

La era del conocimiento, la era del conocimiento. Y aquí estamos gastándonos el dedo índice tirando para arriba la pantalla del móvil, extendiendo el plan de datos no vaya a ser que nos quedemos sin megas camino al trabajo y todavía quedan, los que no dejan salir cuando el metro abre las puertas.

Si estás de acuerdo que nos queda mucho camino por recorrer, paso a nombrar algunos de los libros con los que más disfruté aprendiendo:

1)Lejos de ser novedad, lo que siento por“Persépolis” de Marjane Satrapi siempre me hace mencionarla. En tres palabras: novela gráfica autobiográfica.

Admiro mucho a esta mujer, y tengo fascinación por los que saben expresarse tan maravillosamente solo usando el blanco y el negro.

2) Ya estoy en el punto en el que podría releer “El Animal Social” de David Brooks, el cual es un libro de psicología y sociología que explica las emociones, intuiciones, deseos, y predisposiciones genéticas dentro de una novela.

Nunca he vuelto a leer nada igual, porque sin dejar de ser narrativa, hace pausas que recuerdan a cuando los actores de una serie hablan a la cámara y así, explica la motivación de esos personajes o su razón científica.

Todo está bien hasta que ves una entrevista y resulta que el autor no es nada carismático, además de ser Republicano de lo cual me he percatado hoy. Pero eso no quiere decir que no me haya gustado su libro.

3)Estoy terminando “Ya sabes que volveré” de Mercedes Monmany sobre tres grandes escritoras en Auschwitz: Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum.

La autora de este libro es de Barcelona y sólo te voy a decir que el primer capítulo se titula:

“Esta vida es bella y está llena de sentido”.

Y yo les creo.

Mientras comienzo a cerrar estas líneas, se me quedan muchas maneras de aprender en el tintero,

porque está comprobado que la mejor manera de ahuyentar los demonios es la acción.  

¿Te gustaría que hablara más sobre eso? ¿Tú que haces cuando estás agobiadx? Me encantaría que me dejaras saber aquí debajo, dos acciones que se te ocurren tras leer estas líneas, para salir de una situación de hastío, agobio o desánimo.

3 comentarios en “Agobio tiene tres «A»”

  1. A mí edad pocas veces, me siento agobiada. ¿Puede ser cosa de la edad? Ahora tengo claro que no se puede hacer todo, que no puedes estar en todas partes y que no puedes parecerle bien a todos. Cuando era joven, trabajaba y tenía tres niños, si creía que podía, no podía, DEBÍA ser perfecta. Pocos poco, teniendo prioridades, el agobio fue menor y sobre todo, aprender con los alumnos adultos. Ellos enseñaron que la vida está para vivirla, sin agobios, dejando que sea ella la que te guíe.

    1. Ay Elisa, ¡voto por ti cualquier día de la semana! Sin duda, las experiencias de la vida nos van poniendo en nuestro sitio y enseñándonos a relativizar. Yo también me agobio menos que con 16 o 26, jaja! supongo que voy en la tendencia correcta.
      También, aunque sólo fui profe durante dos años y nunca tuve clases de adultos, creo que los profesores tienen aprendizajes exponenciales por parte de sus alumnos.
      Gracias por compartirlo y por leer la publicación aunque ya estés en la clase avanzada 😉

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