La caída del autocuidado

Cestas de fruta y verdura

Huyo de las palabras que se repiten sin cesar no porque yo quiera ser original, (que también, un poquito, porque el maldito ego y tal) sino porque se me parece mucho a cuando pronuncias sin parar jamónjamónjamónjamónjamón y terminas por decir monja.

Entonces, decimos autocuidado, autocuidado, autocuidado y terminamos hablando de mascarillas hidratantes coreanas en “self-care sunday” y también de lo mal que nos hemos portado durante los días de navidad porque hemos comido lo que nos ha venido en gana y estamos esperando el 1ero de enero para resetearnos y volvernos buenxs. Casi dudando de nuestra adultez y de nuestra propia habilidad para nutrirnos.

inserte su palabrota de confianza aquí

 

Soy yo la primera que tiene que recordarse de que mi contexto es mucho mayor que las inmediaciones de mi cuerpo.

Y en respuesta a este pensamiento mío, saldrá una publicación en instagram con una tipografía fantástica, de colores vibrantes, diciendo: “vales más que el número de la balanza” pero seguiremos actuando como si eso no es verdad y nos felicitaremos cuando hayamos bajado de peso, porque ese sigue siendo el principal indicador de (¿falsa?) salud que queremos ver, la salud tiene que ser bonita, porque hace mucho tiempo definimos lo bonito como delgado.

Ya no es 1874, no son los tiempos en que Jane Eyre es felicitada por recuperar el color de sus mejillas y carne alrededor de los huesos, y no es eso lo que quiero tampoco, supongo que lo que me gustaría es dejar de provocar enfermedades de trastornos alimenticios con nuestra priorización del físico y parar de ver la gordura como un defecto o un insulto, aquí, ahora, en el espejo, en las fotos.

También, sería interesante intentar abandonar el mantra cortísimo “ámate más” como quien pretende que en esta sociedad todo está dado para amarte y aceptarte fácilmente. Si de verdad vamos a discutir sobre cuidarnos a nosotrxs mismxs ojalá lo pensáramos en grande:

Otros cuidados, otros contextos

Como no puedo evitarlo, es más fuerte que yo y sigo rindiéndome año tras año a la necesidad imperiosa de hacer alguna que otra resolución, cayendo rendida siempre ante la sensación refrescante de la página en blanco (de eso hablé aquí), hoy mi intención es que construyamos, si tú quieres, dichas resoluciones a lo macro.

Contexto #1: la vida diaria es la vida en total

En broma pero muy en serio, decía por historias en estos días que la limpieza a fondo del lugar que vivimos es una manera de cuidarnos y muchxs estuvieron de acuerdo. Monica Geller estaría de acuerdo.

¿Qué puedes incorporar en tu vida diaria o una vez a la semana que te haga sentir bien, conforme, en orden, al día? Parecerá un chiste, pero levantarme a barrer me salvó de momentos críticos en el confinamiento.

Contexto #2: los límites

¿Hola? ¿Trabajar menos? ¿Decir más que no? ¿Pasar menos tiempo en instagram? ¿Dejar el móvil fuera de la habitación? ¿Tomar más descansos cortos no negociables?

Contexto #3: lo que seríamos si no fuéramos lo que somos

Algunxs queremos secretamente hacer cerámica, lettering y carpintería sin ninguna aspiración de negocio alrededor de ello. ¿Por qué no proponernos a hacer algo una vez al mes, o probar una vez siquiera, solo por hacer algo que te complace? Con-place.

Contexto #4: los medios

Yo, que durante mucho tiempo fui culpable de no entrar a ver la cuenta bancaria, puedo testificar a favor de los beneficios de hacer seguimiento de mis gastos, conocer cuáles son mis compras impulsivas, lo que podría ahorrar al mes… e instaría a cualquiera a la que esto le parezca buena idea, a empezar a hacerlo.

¿Qué dice de mí el uso que hago de lo que dispongo y qué puedo cambiar?

Contexto #5: lxs demás

La inspiración más pertinente me viene de Julie&Julia, donde Julie se propone a hacer una receta de Julia Child diariamente por un año.

¿Cómo voy a asegurarme de disfrutar de los talentos de otrxs de manera constante? ¿Sobre qué o de quién quiero leer más? ¿Saber más? ¿Solo para mí o con alguien más?

Dime, ¿te he dado en qué pensar? Puedes escribir aquí debajo o en privado: ¿cuáles otros cuidados van a tomar prioridad este año?

Prosa Ojerosa

 

 

Mis favoritos del 2020

Aquí lo tienes, un recuento informal de mis 12 libros favoritos del año que hoy cerramos.

Ahora, quizá te preguntas: ¿son estos los libros de la suscripción de Prosa Ojerosa? y la respuesta sería no. ¿Por qué? Porque en la suscripción me centro en editoriales españolas para apoyarlas, porque para mí, personalmente, sigo intentando elegir algunos libros en inglés ya que es de las pocas maneras que puedo mantener fresco el idioma, y por último, porque quise incluir en el conteo, los libros de no-ficción que no son parte de la suscripción y que igualmente fueron top, en mi opinión.

Además, ya sabes que, en la suscripción no escojo solo un libro mensual, sino que es completa y absolutamente una selección personal hacia cada destinatarix.

Pero bueno, sin más dilación, ni más indecisión ¡estos son! No están organizados por orden de preferencia, solo por orden de lectura de enero a diciembre, comenzando por arriba de izquierda a derecha. Ojalá te sirvan de inspiración para el 2021:

 

Enero: Belén Gopegui – Ella pisó la luna

librito pequeñito-discurso-manifiesto sobre la invisibilidad de las mujeres

Febrero: James Clear – Atomic Habits

me encantó aprender más sobre hábitos de la mano de este autor

Marzo: Han Kang – Blanco

por favor compremos más libros de la editorial rata books, ¡lo hacen tan bien!

Abril: Jenny Odell – How to do nothing

no digo nada más acerca de él porque he sido muy pesada ya durante el año

Mayo: Mariana Enriquez – Las cosas que perdimos en el fuego

Sobrecogedor. Mariana es una maestraza, tuve que cortar otros libros de ella en esta selección y me dolió mucho.

Junio: Joanna Moorhead – The surreal life of Leonora Carrington

si te gustan las biografías, creo que esta es una fantasía y también “La hermana menor” de Mariana Enriquez, vale, ya me siento mejor

Julio: Glennon Doyle – Untamed

no es para todo el mundo, soy consciente, pero yo lo encontré muy necesario sobre todo para personas criadoras de otras personas en este mundo, de todas formas… ¿qué libro es para todo el mundo?

Agosto: Ocean Vuong – En la tierra somos fugazmente grandiosos

amé haber descubierto a este autor este año, ahora quiero más, mucho más.

Septiembre: Ursula K. Le Guin – Contar es escuchar

otra autora de la que no había leído nada antes y soy muy feliz por haberlo hecho. Si escribes, estos ensayos son muy valiosos.

Octubre: Patti Smith – M train

delicioso, te lo recomendaría si te defines como 1. amante de Nueva York, 2. coleccionista, o 3. melancólicx de lxs buenxs.

Noviembre: Nell Leyshon – Del color de la leche

completamente desgarrador, fascinantemente escrito, necesario, bello, horrible, todos los sentimientos.

Diciembre: Cuentistas latinoamericanas – Vindictas

no lo he terminado todavía pero tenía que entrar, ¿sabes la felicidad que es adentrarme en todos estos cuentos y todas estas autoras desconocidísimas? Glorioso.

 

¿Cuál de estos has leído y también entraría en tu lista? ¿Qué me dices? ¿Hacemos de esto una tradición?

 

Influencers de sombrero y otras prácticas heterodoxas

Mientras nos preparamos para cerrar el año, quisiera proponerte que en vez de hablar de cómo haremos balance (que es una palabra que me suena casi violenta en 2020), tomemos un enfoque distinto al asunto entre manos el cual sería, en este caso, arrancar la última hoja del calendario.

Mi propuesta tiene poco que ver con una reflexión o cuantificación de logros alcanzados, no porque no crea en las ciencias exactas, al contrario, sino porque, quizás como yo, estás presentando alergia a la tantísima realidad que nos rodea. Lo llamaremos “un sabio ejercicio de evasión”.

1. Identificación de las reglas no escritas, no habladas

Por ejemplo, hace poco me di cuenta de que me autoimpongo una durísima e inflexible regla; no sigo en Instagram a ninguna influencer de sombrero.

Dice la voz en off: influencer de sombrero hace referencia al prototipo de influencer de estilo de vida que posee un sombrero negro de alerón grande, quien se ha prometido recientemente en las Maldivas, que se toma fotos de espalda en todo lugar paradisíaco a donde llega, cuya casa nunca es un piso bajo sombrío, pero al contrario un lugar diáfano que cuenta de luz solar hasta de noche y que te imaginas siempre ubicado en California, independientemente de su nacionalidad. Es quien siempre que bebe un café, ha de esparcir virutas de un donut colorido que no puede comerse y cuyas fotos te hacen preguntarte si su pareja o mejor dicho amante fotógrafx no estará hartx de ella o él.

No hace falta adjuntar imagen ilustrativa porque sé que puedes imaginar tu propia versión de esto, pero en todo caso, mi intención tras la idea de identificar esta regla tan mía es hipotetizar qué dice ésta sobre mí:

Dice tal vez que quiero seguirme preguntando y encontrando otras maneras de belleza, trabajar en definirla bajo mis propios términos sin tanta «influencia» externa ¿sabes tú por qué sigues a quien sigues? ¿lo que consumes de ellxs te hace sentir bien?

Porque estoy casi segura de que intentas cuidarte de comidas y hábitos que tienden al exceso, pero ¿te cuidas también de los mensajes poco saludables que ingieres a diario?

¿Cuál es tu regla y qué dice de ti? Si no puedes pensar en alguna, te hago invitación abierta a que la crees de cara al próximo año.

2. Aprovechamiento de los talentos naturales

Durante toda mi vida he sido arduamente juzgada por mi manera inusual de dormir. Los comerciales de colchones no me han ayudado de ninguna forma y entonces me pregunto si existe además de mí, alguien en el mundo que duerma boca arriba, a modo de descanso eterno y con las piernas en forma de número 4, una doblada y otra extendida.

Entiendo que, a primeras, esto parezca un talento un poco prescindible, por utilizar una palabra amable, pero no fue hasta que tuvimos a Soja (mi gata) en casa, que me he dado cuenta de mi gran potencial, el cual siempre ha estado allí, que es servirle de cama humana.

Todo esto viene a decir un poco en broma y bastante en serio, que tú eres tu mejor críticx y que tal vez, no hayas considerado que, sirves para mucho más de lo que piensas. Cada vez que lo dudes, ojalá sí recuerdes que existe una publicación de Prosa donde puedes venir a refrescarlo.

Algo sobre lo que ilusionarte en el futuro: encontrar tu talento natural escondido.

3. Evolución y revolución

Si me lees desde hace un tiempo, sabrás ya que soy la primera en caer en la trampa de la machaca mental, la autoexigencia y demás. Sabrás ya también que, vivir con un aparato en la mano con acceso a la caja de espejos, no lo hace más fácil.

Por lo que, si quiero llevarme algo conmigo al 2021, como matemáticamente “te llevarías uno” al hacer una división, es que: el descanso es revolución.

Así como intento tomarme en serio todas mis responsabilidades, asumo una más: la de proteger mi entusiasmo y proveerme de mi propia alegría, así sea, abro comillas perdiendo el tiempo, cierro comillas.

Como diría Carmen Martín Gaite:

“Aquí no me encuentran” eso era lo primero que pensaba, y me instalaba allí a alimentar fantasías; los objetos en libertad parecen fetiches, los muebles son copas de árboles, estoy perdida en el bosque, entre tesoros que solo yo descubro, algo me va a pasar, todo consiste en esperar sin angustia, en dejarse a la deriva, hemos perdido el gusto por jugar y, en el fondo, es tan fácil, me voy a poner más cómoda.

El cuarto de atrás

Me voy a poner más cómoda.

Prosa Ojerosa

PD: Ninguna persona con sombrero sufrió daños durante la realización de esta publicación.

En un carrito de supermercado

La imagen propia. Tiene tal vez muy poco de propia, es algo que me resulta fascinante puesto que, tal y como nuestra personalidad, habrá tantas percepciones de ella como personas lleguen a vernos/conocernos.

No hay motivo para ocultar que he hablado de este tema aquí más de una vez y de diferentes formas, pero cuya necesidad de mencionarlo nuevamente me visita con frecuencia, supongo que por la incesante exposición a la imagen, en general, en la que nadamos día con día.

En esta publicación antigua de instagram por ejemplo, comento precisamente la manera natural en la que internalizamos conceptos como «el lado malo» de nuestras caras, integrándolo en la vida diaria de forma intrascendente, como si fuera (como dicen algunxs) moco de pavo.

yo la primera vez que escuché la expresión

Silvina Ocampo lo dice mucho más magistralmente en «la cara apócrifa» de 1972:

«Nadie sabe cuánto me esforcé por imaginarla preciosa (…)
la corregí en vano, minuciosamente juntándole las cejas
agregándole lágrimas
adornándola con levísima sonrisa
tirándole la lengua para volverla graciosa
mordiéndole los labios para volverla misteriosa.(…)
No quiero más fotografías de esa cara
que no es la misma cara que estaba dentro de una cuchara, ni en el cuchillo, ni en el aljibe,
ni siquiera en el espejo.»

«Amarillo Celeste» ~ Silvina Ocampo

Creo que más de unx la entendemos, a Silvina, quienes a veces todavía tengamos que pelearnos con el tono peyorativo de nuestros pensamientos al vernos retratadxs, esperar a tu amiga que se quiere poner del otro lado y «meter» la barriga, detenernos para no rechazar una oportunidad de quedar en el recuerdo aun sabiéndonos toda la teoría, o por el contrario, quienes juran sanar a base de selfies a mansalva.

Y no es hasta hace unos días, mientras estuve viendo el documental «The B Side» sobre Elsa Dorfman, que no volví a pensar en lo que sería sentir una necesidad visceral por documentar (en este caso fotográficamente) que superara con creces la vanidad, ¿qué saldría de crear así de libre?, por buscar ser alguien además de esposa cuando era «todo» lo que se te pedía, en amar tanto tu proceso creativo como para hacerlo por décadas aunque caducasen todas las tecnologías alrededor del mismo y quebrasen las empresas proveedoras.

Soy una profesional de la nostalgia, ya te habrás dado cuenta, y a veces de asuntos que no he experimentado ni siquiera en mis carnes, si me permites la incoherencia. Un ejemplo claro de esto: ¿revelar fotografías en un cuarto oscuro con una bombilla roja? nostalgia a la potencia.

«También me decía que siempre hay que escribir en contra de algo; un defecto propio o una falla del cuento, y ahora supongo que también me quiso decir que la conciencia plena de una falla es lo único que permite disimularla y remontar esa corriente adversa, que muchas veces también es una característica del género específico que estamos intentado escribir. Uno tiene que ser su propio antídoto, me decía Silvina a veces»

«La hermana menor» ~ Mariana Enríquez

¿Estoy haciendo un buen trabajo en ser mi propio antídoto? depende del día en que se me pregunte.

En todo caso, volviendo al convencimiento y «ovarios» que se requieren para hacer de «tu arte» algo que te alimente, no he encontrado en mucho tiempo algo que visualmente me inspire más que esta foto de Elsa vendiendo sus fotografías dentro de un carrito de supermercado alquilado, en el estacionamiento del mismo, a dos dólares la pieza.

feliz día de las emprendedoras

Te la dedico para que, sea cual sea la fuente de su entereza, sepas que si ella la reunió para pararse allí, tú también puedes creerte hoy un poco más dueña de tus talentos. Y aunque acabo de buscar fortaleza en el diccionario de sinónimos y salía «hombría», tengas constancia en film de que también nos podemos definir así.

Prosa Ojerosa

PD: ¿Qué tengo que hacer para que veas el documental? No puedo recalcarlo más. Así como leer a las dos autoas argentinas de las que hablé aquí. <3

Las malas mañas

Mala maña #1

¿Sabes qué es raro? Que un libro muy lento me guste mucho. Porque cuando hablo de ‘muy lento’, en este caso, me refiero a un caracol atravesando una cancha olímpica techada de extremo a extremo, o bordar a mano un vestido de cuerpo entero con lentejuelas intercalando una negra y una azul.

Pero todavía más raro es que un libro en el que no subrayé nada, me gustase mucho. Porque generalmente, según me lo indica el hemisferio izquierdo de mi cerebro —¿ese es el de la lógica? — debo quedarme con evidencias físicas que sustenten que ha valido la pena pasar mi tiempo en esa historia. Madness.

Lo de subrayar es un decir porque un 80% de los libros que leo son de la biblioteca, con lo cual, me siento una verdadera capitalista cuando estoy subrayando a gusto un libro de mi propiedad privada. Es una broma, por favor, no quiero herir sensibilidades.

Afinco el bolígrafo, que mejor sea de un color vibrante y no me conformo con hacer una línea al costado del párrafo —no, no— paso por cada palabra, cada línea, hasta llegar al punto. Pero eso es en caso de… en el caso que nos atañe hoy, no tengo citas para demostrar que lo que he leído me ha gustado tanto como digo que me ha gustado. Y el objeto de mi confusión se titula “Milkman”.

Mala maña #2

Decía que “Milkman” es una novela en toda regla que, quizá ya has leído porque fue publicada en 2018 y ganó un par de premios importantes cuyos nombres se me parecen mucho entre sí. Anna Burns escribe sobre una ciudad anónima en medio de lo que se va intuyendo que es “the Troubles” de los años 70, de lo cual yo solo conocía el nombre y si no es por mis búsquedas obsesivas en Google al terminar la novela, no sabría mucho más.

Buscar obsesivamente en Google tras terminar lo que sea, es un nuevo lenguaje de amor, por si no lo sabías.

Mala maña #3

Lo que más me sorprendió de esta novela es que, para empezar, leí la sinopsis completa, cosa que nunca hago o, mejor dicho, “leo en diagonal” y aunque esta vez no fue así, no me reveló lo suficiente, que es ya un puntazo. Entonces, al adentrarme en ella, descubrí que la protagonista es “hermana mediana”, así, sin nombre, y los personajes secundarios son “el medio novio”, “el tercer cuñado”, etc. Tú entiendes la idea, no se nombra a nadie en 350 páginas y, aun así, terminas con Irlandadelnorteconflictos en la punta de los de los dedos a la una de la mañana de un martes, bien cansada.

Es absolutamente genial cómo la autora juega con el no nombrar para ambientar el misterio propio de un tiempo de represión donde ninguna persona puede darse el lujo de confiar en nadie y cualquier paso en falso, puede costarle la vida, sin que esta última sea una frase dramática o en un sentido figurado.

Mala maña #4

Me castigo mentalmente cuando un libro me está pareciendo lento y lo estoy disfrutando, pero me está pareciendo lento y no lo estoy disfrutando por lento.

esta niña ya es mínimo universitaria

Lo hago, me castigo, porque sé que es la maquinaria del más, más, más lo que está detrás.

¿Cuántas veces queremos terminar de leer un libro para que cuente en nuestro listado de leídos del año y cuántas queremos leerlo para disfrutar de leerlo?

Leerlo…

lo…

lo…

Mala maña #5

Relacionada con la anterior, no suelo escribir reseñas porque alimentarían la maquinaria del más, más, más y sus habitantes, pequeños duendes mandones con voces que solo oigo yo. A estos últimos los conozco bien, pretenden sitiarme y que haga lo que me ordenan.

Intentaré explicarme mejor; mientras queramos seguir leyendo más y sobre todo a mayor velocidad, para poder publicar sobre ello en redes sociales, el enfoque sigue siendo el mismo: los demás y no nuestro disfrute del verbo leer.

Como en 2018, cuando se publicó este libro, Prosa Ojerosa no existía y yo no seguía tantas cuentas sobre libros en Instagram, desconozco si en su momento hubo o no hubo hype. Tiene su encanto vivir la emoción de algo a destiempo y sin saber si otrxs lo consideraron digno de dicha excitación.

Mala maña #6

Mi propio hype es suficiente hype.

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Para finalizar esto que sigue sin ser una reseña, decirte que me vuelven loca, en el mejor de los sentidos, los conflictos históricos, sobre todo bélicos, narrados desde la perspectiva de las mujeres y más, si como el de Burns se trata de una mujer de 18 años hablando en círculos, representando su normalidad de manera tan cruda, porque son pequeñas joyas no tan fáciles de encontrar. Y es una de las razones por las que empecé esta suscripción.

“No era evidente que estuviera infringiendo nada, así que tal vez yo hubiera vuelto a equivocarme y él no infringiese nada. Sin embargo, mientras me hablaba, a pesar de mi confusión, supe que jamás debía subirme a uno de sus coches y que esa era una conclusión crucial (…) Mientras tanto, seguía ahí plantada, en el territorio de las cosas fingidas y las cosas sin enunciar de forma clara, y en esa zona por donde las personas no solo debían apresurarse, sino que deberían plantearse no pisar jamás. No obstante, allí estaba yo, en esa zona. Y él también estaba allí, y para entonces estaba tan nerviosa que había alcanzado ese estado de agitación emocional que casi podía causar fracturas psíquicas y en el que de pronto yo podía soltar un <<¡No!>> o <<¡Vete a tomar por el culo!>> o echarme a gritar o vete a saber qué. Pero lo que sucedió fue que aparecieron más hombres.”

Anna Burns

¿Tu también tienes “malas mañas”de leer?  y por último, ¿de verdad te pensabas que no iba a darte ninguna cita?

Prosa Ojerosa

El largo plazo y la brujería

Si se trataba de un viaje corto yo no deshacía la maleta. Apenas sacaba los zapatos y el neceser, esa es la verdad, me quedaba rebuscando en el bolso mientras durase la estadía: tales calcetines con cuales pantalones -¿y el cinturón?- escudriñando, desordenando, como regodeándome en lo fugaz.

No fue hasta que empecé a viajar con mi pareja que pensé en la otra posibilidad, viendo lo que para él era lo más natural; desempacar apenas entras a la habitación, colgar camisas, llenar los cajones y si te mueves suficientemente rápido, acaparar tú primero la mayoría de las perchas.

Pero creo que no acostumbro a moverme demasiado rápido y menos cuando algo parece pasajero, lo cual es irónico siendo ese el nombre que se nos da al abordar un avión, no nos engañemos, todxs sabemos a lo que vamos.

En retrospectiva, reflexiono sobre este punto y concluyo que el largo plazo siempre me ha reconfortado, lo cual no sé si es bueno o es malo. 

El largo plazo me reconforta para: 

  • Llegar a la vejez con licencia para ser, a la velocidad deseada, con las tetas caídas y menos pelos en la lengua.
  • Tener una amiga cuyxs hijxs se sientan como lxs tuyxs propixs de tanto verlxs crecer.
  • No perderme de las nuevas formas de ser mujer que me enseñarán mis sobrinas, al ir creando sus propias vidas.
  • Hacer hogar con la suma de todo lo que me provea el corto plazo.

Esas, solo por nombrar algunas, y aquí se viene la confesión: durante esta pandemia sin duración definida, lo he vuelto a hacer, no he deshecho la maleta. Miro con asombro a quienes se han mudado, han encontrado nuevos trabajos, creado nuevos proyectos, han tomado grandes decisiones y tengo que despertar repentinamente a la idea de que, es de todas formas perecedero, sea largo o corto el plazo, es limitado.

Nadie tendría que recordar a la madre pájaro de la importancia del traslado de todas las ramas en preparación para el nido, por temporal que sea su función. Sin embargo, si como yo, necesitabas una señal, la falsa certeza de una cantidad determinada de días para actuar, aquí estoy, para acompañarte y darte todo el permiso de ubicar tu ropa interior en una habitación quizá extraña, pero que es tan efímera como cualquier otra.

No basta con soportar la tristeza y el sufrimiento, tienes que amarlos, y respetar tus preguntas, tus dudas, esas que aparecen en la plenitud de la vida, cuando los deseos crecen y se esfuman. 

Catherine Meurisse ~ La levedad

“La levedad” es el testimonio gráfico de cómo Catherine Meurisse lidió con la pérdida tras la tragedia de Charlie Hebdo en 2015, el cual leí por primera vez la semana pasada y también hizo que pensara en lo relevante que es al menos intentar la transmutación, en este caso, de algo doloroso en algo bello y seguir insistiendo.

Así como me lo recuerda Ita, con su alquimia en la cocina y la transformación de la que es capaz con la luz del día, como la madre pájaro que mencioné antes, ella parece seguir creando imperturbable, (estate muy atentx a lo que trae). Me inspiran también, estos vídeos que ven millones de personas por la misma razón, o tal vez por otras diferentes, pero para mí, porque son evidencia de lo que somos capaces. 

Y finalmente, como estas señoras mexicanas (T.2 Ep. 2) preparando platos casi en el centro de la tierra, a punta de tradición, nos indican que a fuego lento, nada se quema.

Prosa Ojerosa

La suerte del color amarillo

Está bien. Me arrepiento de lo que dije hace unas semanas sobre “M train” de Patti Smith. Comencé a leerlo y aún sabiendo que, era un libro sobre nada e irónicamente, un tren a ninguna parte, no conectaba con lo narrado en lo absoluto.

Sin embargo, al ir avanzando y acostumbrándome a la idea de su propia lentitud, logré captar el romanticismo personificado en su adicción al café, y en su manera de vivir la vida que al menos a mí, sin haber leído ninguna de sus otras memorias, me resultó contradictoriamente improvisada pero a la vez llena de significado y con tendencias a los rituales, pero sobre todo, a la belleza.

“We want things we cannot have. We seek to reclaim a certain moment, sound, sensation. I want hear my mother’s voice. I want to see my children as children. Hands small, feet swift. Everything changes. Boy grown, father dead, daughter taller than me, weeping from a bad dream. Please stay forever, I say to the things I know. Don’t go. Don’t grow.”~ Patti Smith, M Train

Queremos cosas que no podemos tener. Buscamos recuperar un determinado momento, sonido, sensación. Quiero escuchar la voz de mi madre. Quiero ver a mis hijos como niños. Manos pequeñas, pies rápidos. Todo cambia. Niño mayor, padre muerto, hija más alta que yo, llorando por un mal sueño. Por favor, quedaos para siempre, le digo a las cosas que conozco. No os vayáis. No crezcáis. ~ Patti Smith, M Train

La comprendo tanto, especialmente en las últimas semanas en las que he escrito cartas a personas queridas sin intención de enviárselas y también, una oda a una lámpara de color amarillo que me ilumina todos los días. Amarillo, de los colores el más afortunado, como no lo vincularon a ningún sexo ni género, nadie le dice lo que tiene que ser, qué suerte la de él. Muy parecido a la letra e.

“Si quieres que te lo diga, siéntate, porque es largo de contar” y, al contarlas en voz alta salvaría del olvido todas las cosas que he estado recordando y sabe Dios cuántas más, es incalculable lo que puede ramificarse un relato cuando se descubre una luz de atención en otros ojos, él seguramente también tendría ganas de contarme cosas, se sentaría a mi lado, nos pondríamos a cambiar recuerdos como los niños se cambian cromos y la tarde caería sin sentir, saldría un cuento fresco e irregular, tejido de verdades y mentiras, como todos los cuentos”

Carmen Martín Gaite ~ El cuarto de atrás

Diseccionando este último párrafo te diría que, en principio, me parece ya de entrada desafiante admitir que me voy a tardar en contar la historia, porque muchas veces sin pretenderlo, me doy prisa al hablar ya que aprendí que irnos por las ramas es un rasgo odioso propio de la mujer.

Si pienso entonces en que, al contarlas en voz alta, salvaría a las cosas que conozco del olvido, me doy cuenta de que no callaría nunca. La paradoja está en el hecho de que, con frecuencia, mis sentimientos sobre esas mismas cosas sobrepasan la fuerza de mi voz como para siquiera seleccionar y pronunciar palabras en concreto, y por eso, supongo que escribo. 

(Pausa para pensar en todxs lxs que nos sentimos alguna vez o muy seguido, mucho menos interesantes y elocuentes de lo que pudiéramos ser comparadxs a la versión interior de nosotrxs mismxs)

Al menos, mientras intento no recurrir al auto-reproche por querer aburrirme una tarde y romper con el verbo ‘hacer’ por unas horas, me consuela saber que soy la luz de atención para otros ojos y me recuerdo, te recuerdo que, si quiero, si queremos, podemos ser el color amarillo.

El giro de la trama:

Busco reconciliación con la nostalgia que me producen los cambios, sobre todo los más pequeños, imperceptibles. Me digo que aunque pase un buen tiempo para que podamos abrazarnos con la misma tranquilidad de antes sin pensar en contagio, al menos el abrazo como recurso sigue existiendo.

No te rías, cosas igual de importantes están en la cuerda floja. Preguntaba hace no mucho qué pensabas sobre los sentimientos en extinción.

Al mismo tiempo, en cuanto a los cambios más grandes, aquí me ves señalando con mi dedo lo que no es tan minúsculo, que nos mantiene clasificadxs entre azul y rosa.

Todo el conocimiento acumulado de dietas, las calorías, las formas de bañador concreto para la forma de mi cuerpo, al que le asignaron de todas las frutas, la pera y, los artículos de “cómo retenerlo” de la revista que más adoraba y leí asiduamente desde los 11 años, por mencionar alguna de esas cosas.

Quizá es por esto por lo que queremos todavía contar calorías, para tener sensación de control ante los cambios, pero ni los carbohidratos se lo merecen, ni tú, que tienes toda la gama de colores para escoger, observar, comer y ser. Tal como un catálogo de alfombras.

Prosa Ojerosa

Cuando todo ya está dicho y hecho

No crecí físicamente cerca de mi familia materna. Mi abuela por parte de madre, vivía en la capital y nosotros íbamos una o dos veces al año.

Esos viajes a Caracas a lo largo del tiempo, ya fueran en diciembre, vacaciones o Semana Santa, están todos mezclados entre sí en mi memoria, con muchas escenas en común; el móvil colgante de la entrada hecho de palitos de colores, que se movía impulsado por la puerta que la abuela abría con una sonrisa en la cara. La sonrisa era casi risa como si viniera de un sitio donde le acabaran de contar un chiste muy bueno y los palitos, los palitos chocaban haciendo sonidos agudos parecidos a la flauta, mientras el viento, afanado, traía de la cocina los olores de todo lo que ella había venido preparando.

El muñeco de madera —¿un pastor?— con el que mantenía conversaciones solo porque era de mi tamaño, era el mismo que, cada vez que regresaba, había dejado un poquito más atrás en estatura hasta que dejó de interesarme del todo y de notar su presencia. La figura del santo José Gregorio Hernández en la ducha del baño que no utilizaba, la cocina de azulejo amarillo —qué contradicción— y el suelo de granito gris, casi negro, que se sentía tan frío al tacto.

Pero sin duda, de las escenas que se repiten, hay una que destaca. Es mi tía Myrzan, una de las tías menores y mi única madrina, que casi desde que aprendí a hablar con algún sentido, se dio a la tarea de abrir una conversación conmigo de la siguiente manera: “Adriana, ¿y que te casas?, me dijeron que te casas” para grabar en cassette mis respuestas, o escribirlas en un cuaderno.

Aquí lo dejo para lxs que tengan sobrinxs, nietxs o hijxs con quienes puedan aplicarlo. 

No tengo conmigo este material tan valioso, que ahora moriría por leer/escuchar, pero según me cuenta ella, en alguna ocasión, bien pequeñita, hablé de que la boda ya no iba porque mi prometido me había dejado por calva y se había buscado una nueva novia con un pelo mejor. Ante todo el drama.

Y a lo que voy, ¿quién se da el lujo de escribir por gusto? ¿Quién se pudiera permitir imaginar porque sí?

“La imaginación puede transfigurar la materia oscura de la vida. Y en muchos ensayos personales y autobiografía es eso lo que empiezo a echar de menos, a ansiar: la transfiguración. No me basta con reconocer nuestras penas compartidas y familiares. Quiero reconocer algo que nunca he visto.”

Ursula K. LeGuin ~ “Contar es escuchar”

Pero la verdad es que no es fácil escribir sobre nada, lo he pensado muchas veces y lo leí aquí mucho más bonito:

“No es tan fácil escribir sobre nada. Palabras tomadas de una voz en off en un sueño más absorbente que la vida”

Patti Smith ~ “M Train”

Estoy de acuerdo. ¿Qué pasa cuando lo que escribes no lo está buscando nadie en Google? Cuando no se trata de una solución, una receta, una fórmula, cinco tips o un croquis. Me digo: debes seguir igualmente.

En el mundo de hoy, ya nadie escribe para nada, parece que todxs lo hacemos para ser encontradxs y debemos dar respuesta a frases objetivo que en verdad son preguntas de incógnito, desprovistas de los signos de interrogación.

Poco a poco, siento que ya no existen las estaciones si no es para que podamos vender en torno a ellas. Y me causa una pequeña tristeza que ya nadie puede sentirse original o especial al estar rodeadxs de vitrinas de talentos ajenos. 

Perdóname, a veces actúo como una coleccionista de sensaciones y sentimientos vintage a tal grado que, me los imagino en una estantería dentro de bolas de cristal con nieve falsa, de las que se tenían que agitar. Allí las veo, la primera dice “soy especial”, la otra “mi talento es único”, y por último “mi idea es revolucionadora”. De cada una solo queda un ejemplar.

Lo que asumo yo que incitó a Walt Disney a hacer bosquejos, a Beatrix Potter a dibujar el mundo fungi, animal, y escribir cuentos, lo que provocó que Sara Blakely creara un producto nuevo desde cero mientras vendía máquinas de fax, eso, ya no está más.

O, hay que luchar el doble por preservarlo, desconfiar de los espejos desfigurados y aun sabiéndote unx más, un poco más ordinarix de lo que hubieses deseado, perseverar, continuar creyendo y aprendiendo, por la relevancia única de tu mismísima vida irrepetible.

Y porque tal vez, aunque seas la nieta y sobrina número 18, todavía haya quien quiera escuchar de ti con quién te casarías si tuvieras 5 años, pero sobre todo saber qué estás imaginando, como si tal cosa importara.

Vivan tú y tu capacidad para inspirarnos. 

Prosa Ojerosa

Chau nº tres fue mi primera despedida

Todo el tiempo están ocurriendo.

Ocurren todos los días. Las despedidas.

Les tengo miedo desde que mi país natal empezó a ser un colador de pasta con los agujeros cada vez más dilatados.

Antes no, las despedidas eran, solo tan malas para el cuerpo como las que narra Andrea Abreu López en “Panza de burro” al apartarse de Isora. Ahora son más permanentes y definitivas, capaz de hacerte llorar por un video de cumpleaños dedicado a un señor que no conoces, familiar de alguien que sigues en Instagram.

Actualmente, las despedidas hacen callo, se te vuelve la piel más áspera, como si hubieses trabajado los campos, pero en verdad viene a ser una capa protectora ante la separación, que es el único desenlace posible unos días después de la llegada.

Te despides y hay quienes te entienden más y quienes te entienden menos, porque solo lo pueden ver desde el punto único del que tiene toda la vida y sus integrantes, en un solo lugar geográfico.

Lo que yo quería decirles, cuando me alejaba en la bicicleta, y a la mañana siguiente, y todas las mañanas, es lo que quiero decirte a ti ahora: “Lo siento.” Siento que aún tuviera que pasar mucho tiempo para que volvieran a ver a sus seres queridos, que algunos no lograran regresar con vida a través de la frontera del desierto, víctimas de la deshidratación, de que los capturaran o asesinaran los cárteles de la droga o las milicias de ultraderecha del crack en Texas y Arizona. “Lo siento.” Eso querría decirles.

Ocean Vuong ~ «En la Tierra somos fugazmente grandiosos»

Voy por la mitad de este libro que me está rompiendo el corazón y curándome los raspones al unísono, usando agua con azúcar, como la que me dio mi mamá la vez que decidí “afeitarme” la cara con la maquinilla de mi hermana mayor y bajé a la fiesta de mis tíos fingiendo total serenidad, a la vez que presentaba varias cortadas autoinfligidas en la boca.

En ese tiempo, mi estatura me permitía alcanzar ya, casi todos los peligros y, además, a diferencia de hoy en día, contaba chistes a petición del público. Los chistes no me los copiaba de nadie, me los inventaba yo misma; los contaba entre sorprendida y satisfecha de que funcionaran tan bien en mi audiencia -parece ser que la gente grande es un poco tonta, al fin y al cabo-.

Adelantando la película al día de hoy, me percato de que, a cada rato, me despido de quienquiera que fui.

Hago las paces también con lo que no soy, constantemente.

No soy Midge, (The Marvelous Mrs. Maisel) en la escena donde todos la conocen en el diner, saben de su vida, le conceden la mejor mesa o saben lo que va a tomar antes de que haga la orden. No soy Midge porque ya no me invento chistes, ni me acuerdo de los que otras personas me cuentan.

Tampoco soy ella cuando me he creído poco memorable desde que Adriana, para muchxs es el mismo nombre que Ariadna o Andrea y me falla el impulso de corregirlxs.

No me parezco a ese personaje porque soy bastante mala para lo que los gringos llaman “small talk” y aunque en unas cuantas oportunidades, mi madre quiso advertírmelo bajo la frase “no seas como yo” y quiso que supiera las desventajas de serlo en un mundo donde se valora tanto la extroversión, es que —¿la verdad?—soy bastante como ella.

Me despido de ser yo la que cuida bien las plantas cuando lo que soy es una asesina impune y una vez lo acepto, eso me deja más espacio para ser la que las admira y fotografía, en el imperfecto balance entre lo que quiero ser y lo que puedo dejar que otrxs sean, entre lo que de verdad quiero aprender y lo que puedo consentir que no sea parte de mi identidad.

Cuando el deseo insista, me quiero creer capaz así:

ciegamente

Cuando el deseo no esté, quiero escucharme atenta y me quiero capaz de cambiar, ágil. Cambiar de parecer, mudar de narrativa mental. Si me despido, que sea de mí.

Prosa Ojerosa

PD: ¿Quién NO eres y está bien decirle ‘chau’?

¿Por qué leer es cuidarse? el baobab y el no-lugar

Es vastamente conocido que, crecer en Latinoamérica te exime de aprender a conjugar con la persona vosotros, lo cual se considera dispensable completamente, así como el pretérito perfecto compuesto (cuyo nombre he tenido que buscar en Google) en el cual nunca hablamos pero que yo ya “he adoptado”, además de la conocidísima estandarización de la “s” para todas las pronunciaciones que la música latina ha puesto tan de moda.

Requiero de Rihanna para expresar mi cara cuando veo que ahora queda bonito hablar de ‘bellesa’:

Así te quería ver

O bien, si entiendes mis referencias de Friends: “The messers become the messies!!!”

No voy a entrar ni siquiera en el hecho de que muchas personas en España confundan lo último con ser analfabetas o tener peor ortografía, lo que sí venía a decir es que hay muchos otros ejemplos:

Recuerdo hojear “El Principito” a una edad bien temprana y pensar que qué palabra tan divertida es baobab, pero no tener ni idea de qué podía significar y, por último, intercambiar en mi cabeza los conceptos biblioteca por librería porque las bibliotecas eran, al menos de donde yo soy, como un lugar idílico, poco visitado, de algunas universidades. Hasta la fecha, me siento al mismo tiempo afortunada y extrañamente sospechosa de un delito al llevarme en una bolsa, libros que no son míos a casa.

“Nuestros pueblos y ciudades son lugares que cada vez nos quieren en ellos como consumidores, más que como personas. Lo que hace que sea más importante que valoremos esos espacios amenazados donde todavía se permite que seamos irrelevantes desde el punto de vista económico. Bosques, parques, museos y galerías, y bibliotecas públicas”.

~Matt Haig, «Apuntes de un planeta estresado»

Pero quizá el lugar más amenazado de todos es un no-lugar, es el espacio mental.

Cuando el CEO de Netflix afirma que su principal competidor no es ni Amazon, ni YouTube sino tus horas de sueño, sabes que es verdad.

Y no es hasta que leo esto que me reafirmo en la razón por la cual es importante para mí llevar adelante un proyecto donde la lectura es la principal herramienta de cuidado. Me da rabia, pero lo dijo de nuevo M. Haig mucho mejor:

“Para mí leer no fue nunca una actividad antisocial, sino profundamente social. Era la clase de socialización más profunda que existía. Una conexión íntima con la imaginación de otro ser humano”

Del capítulo del mismo libro que además tiene un título muy acertado: «la ficción es libertad»

Hemos cambiado la ficción y el uso de la imaginación, por el espionaje mutuo y consensuado.

Lo que sea que nos haya convencido de que existir como constantes observadorxs de la vida de otrxs, nos daría la misma satisfacción que vivir nuestra propia vida, es hora de volver a replanteárnoslo para equilibrarlo.

Lee eso otra vez.

Ahora te pregunto, ¿puede que los libros sean una manera de recuperar algo de espacio? El espacio que seguimos dejando que se moje, allí, a la intemperie, como si fuéramos del todo inocentes.

Espacio para descansar del ruido.

Para salvarnos del filtro de la comparación.

Para pausar las auto-imposiciones con el objetivo de ser más visibles cuando podemos ser tan invisibles como queramos sin dar explicación, porque tenemos esa opción.

Para, aunque sea por un momento en el día, disfrutar del lujo de un solo canal y un punto analógico.

Para volver a ser uso del tiempo que ya tenemos.

 ¿Lo ves posible? Y me dirás, sí, basta con apagar pantallas. Pero no subestimemos cuan habituadxs estamos a ellas ni cuanto tiempo ha pasado desde 2004.

 “Cualquier escrito puede levantar una nube de polvo, pero la buena escritura conduce a la alquimia, una metamorfosis en la cual se crea algo nuevo a partir de la destrucción. La noción de que esto es fácil -las fases por las cuales un escenario de vida real se convierte en una imagen en la mente y finalmente en palabras en una página- es un testimonio de la capacidad del autor de hacer que parezca sencillo”

¿Compartes conmigo un libro aquí abajo que haya generado esa alquimia para ti? Gracias, siempre.

Prosa Ojerosa

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