Duendes, ratones y 4 fragmentos sobre el amor propio

He escuchado muchas teorías. Dicen que no nos gusta nuestra voz cuando nos escuchamos en una grabación porque siempre que hablamos, nos estamos oyendo a través de los huesos de la mandíbula, con lo cual la percepción que tenemos de nuestra voz es más grave de lo que en verdad suena.

Dicen que muchas personas no nos gustamos en fotos porque nos vemos al revés de nuestro reflejo en el espejo, que es a lo que estamos acostumbradxs.

Pero la verdad es que sólo nosotrxs podemos conocer esa versión más grave de nuestra propia voz, y sólo nosotrxs nos vemos al revés que el resto del mundo. Es un hecho irrefutable que nunca nos veremos, como los demás lo hacen y eso hay que aceptarlo.

No recuerdo exactamente si fue cuando cumplía 11 o 12 años, pero me estaba preparando para tener una pequeña fiesta en casa con los amigos del colegio, serían las 6 de la tarde de un sábado de octubre probablemente, había vaciado todos mis cajones, mi madre, mi hermana y una amiga de testigos, en la habitación. No sé si me encontraba ansiosa por algo en específico, pero lo que sí sé es que era una rabieta.

Bajo ningún concepto quería asistir a la fiesta con una camiseta sin mangas. La que había acordado algunos días antes que me pondría, ya no era una opción. Estaba molesta por algo (¿quizá conmigo misma?), y la tomé contra mis brazos, me ensañé, mejor dicho. A ellas que intentaron disuadirme de la idea, les afirmé que el desagrado hacia esa parte de mi cuerpo no era algo nuevo (pero sí lo era), y que, por tanto, no era negociable. Hágase la camiseta con mangas.

No me siento particularmente orgullosa de este momento pre – adolescente, sin embargo, lo cuento porque es la primera memoria que tengo de que algo no me gustara de mi misma. Y hay muchas incógnitas, como, por ejemplo, si un duende me dejó una nota debajo de la almohada con ideas extrañas sobre mis extremidades, algo así como el ratón Pérez de la baja autoestima.

También ignoro si la edad que tenía durante este episodio, es la edad promedio, o si otras niñas comenzaran a juzgarse antes o después. Lo que es seguro, es que los brazos de una niña de 11 años no deben estar bajo escrutinio. Ni propio, ni tampoco ajeno.

La responsabilidad de ser bellas es la niebla delante de nuestros ojos, que, desciende en cualquier época del año, no respeta clima, ni la hora del día y nos empaña la vista a todas por igual.

Volviendo a cómo te ven y escuchan los otros, desde mi punto de vista, hay encanto en el hecho de que existan diferentes versiones de ti y que cada persona, te asocie con un concepto diferente. Creo que, si lo piensas, es más liberador que tratar de ser un tipo de persona en concreto.  ¿Una persona culta? ¿Delgada? ¿Voluptuosa? ¿Elegante? ¿Adinerada? ¿Perfecta?

Para ilustrarlo dejo estas líneas de la novela “We are the ants” de Shaun David Hutchinson que traduciré yo misma (con el perdón de los traductores de profesión):

“No somos palabras, Henry, somos personas. Las palabras son lo que otros usan para definirnos, pero nosotros nos podemos definir de cualquier manera que escojamos”.

Esta novela que se siente muy de verano por su ligereza, es aparentemente simple, y aunque envuelta en una extraña historia juvenil sobre alienígenas, tiene trozos de sabiduría muy profunda que te hacen conectar con el pequeño individuo que fuiste cuando todo era cuestionable dentro de ti y eras un cúmulo de dudas. Recalco, es ficción juvenil. Pero de la buena.

Del mismo libro, un fragmento de ‘comedia seria’:

“Probablemente existe una razón genética por la cual toda madre, piensa en su propio hijo como el pináculo de la belleza masculina. Supongo que, si no fuera así, ya hubiesen ahogado a los feos, y como resultado, la raza humana se hubiese extinguido o hubiese sido mucho más atractiva.”

Esto me hace pensar en las madres de niñas, que a su vez siendo ellas mujeres, han crecido demandándose hermosura o una cierta apariencia.

¿Puede que en vez de heredar la certeza de que somos bellas, hayamos heredado la misma necesidad de exigirnos?

De la novela, “Las chicas” escrita por Emma Cline:

“Esperaba que me dijeran que era lo bueno de mí. Me preguntaba si esa era la razón por la que había muchas más mujeres que hombres en el rancho. Todo aquel tiempo que había pasado preparándome, los artículos que me enseñaron que la vida era realmente solo una sala de espera hasta que alguien se fijara en ti – los chicos lo habían pasado convirtiéndose en ellos mismos.”

Contrario a la anterior, no hay nada de ligero en el debut de Emma Cline. Allí, relata la motivación de las chicas que son parte de una secta, en California, a inicios de los años 70 y lo verdaderamente inquietante que resulta que sus sentimientos sean tan universales, tan comunes, tan de chicas.

En conclusión:

Crecer es difícil. Extrañamente, inclusive cuando ya no crecemos físicamente, parece que tenemos que seguir creciendo emocionalmente. Lo que implica expansión y reducción a la vez, ya que algunas partes de nosotros se desarrollan y otras debemos permitir que desaparezcan.

La rigidez nunca funciona, terminamos por ser del tamaño incorrecto para nuestro mundo.”

Extracto de la novela autobiográfica de Jeanette Winterson “¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?”, la cual estuvo en la cúspide de mis lecturas del 2015 y sencillamente, me llevaba de un momento lúcido a otro.

Todo esto para decir que, no tenemos que aceptar todo lo que nos vino dado o dicho. Puedes cambiar de opinión sobre ti, sobre lo que es bello. Puedes doblarte y dejar que se deslice, como si bailaras en un video de Sia, que ya no te importe, puedes gritarle a cualquier etiqueta que te hayas puesto y, de tan agudo, ésta se agriete y derrumbe.

Puedes leer, y puedes sanar. Puedes sanar leyendo.

Te pueden gustar tus brazos de nuevo.

PROSA OJEROSA

PD: ¿Alguna de estas lecturas te llamó la atención? Me encantaría que me dejaras un comentario con algún libro o texto que te haya inspirado a mirarte sin juicios.

6 comentarios en “Duendes, ratones y 4 fragmentos sobre el amor propio”

  1. Me llamó la atención el título cuando lo leí y vi que era el comentario de una madre, justo lo contrario que hemos pensado sin decirlo para nuestros hijos, qué sean felices. Espero leerlo este año.
    Muy bueno, de verdad

    1. No sé exactamente a cuál de los tres libros te refieres, pero me alegra mucho si algo de lo que escribí «te abrió el apetito». ¡¡¡Gracias y saludos!!!

  2. No sé… la inseguridad eventual no me resulta un rasgo tan nefasto. Miedo me daría (y mucho) quien nunca la haya padecido.

    A juzgar por el aluvión de imágenes de nosotros mismos que estamos dispuestos a publicar, cualquiera diría que el amor propio vive sus mejores momentos. No crees? Igual algo en todo el errequerre sobre la autoestima y la autoayuda se torció terriblemente o no lo entendimos…

    El amor propio… no deja de ser un amor… y como tal, yo diría que tiene derecho a tener sus días… no cancela todas las dudas…

    Super, súper¡

    Ahora voy a chafardear los links¡¡¡

    1. No creo que estemos viviendo un gran momento para el amor propio, creo que se da importancia extra al aparentar amarse bajo mucha buena alimentación, detox y selfies. Y como todo, hay mucha gente efectivamente segura de si misma y otras tantas, que aunque publiquen sus caras y cuerpos constantemente, tampoco lo son tanto. Bien sea porque vivan de contar almendras para merendar o no consideren nunca dejar de usar una faja, o sea por la razón que sea.

      También estoy de acuerdo que sentirse inseguro un día no significa no amarse.
      Y me encanta eso que dices de que el amor propio al final es un amor que como cualquier otro, tenga sus días. Nunca lo había pensado de esa manera.<3 !!

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