En un carrito de supermercado

La imagen propia. Tiene tal vez muy poco de propia, es algo que me resulta fascinante puesto que, tal y como nuestra personalidad, habrá tantas percepciones de ella como personas lleguen a vernos/conocernos.

No hay motivo para ocultar que he hablado de este tema aquí más de una vez y de diferentes formas, pero cuya necesidad de mencionarlo nuevamente me visita con frecuencia, supongo que por la incesante exposición a la imagen, en general, en la que nadamos día con día.

En esta publicación antigua de instagram por ejemplo, comento precisamente la manera natural en la que internalizamos conceptos como «el lado malo» de nuestras caras, integrándolo en la vida diaria de forma intrascendente, como si fuera (como dicen algunxs) moco de pavo.

yo la primera vez que escuché la expresión

Silvina Ocampo lo dice mucho más magistralmente en «la cara apócrifa» de 1972:

«Nadie sabe cuánto me esforcé por imaginarla preciosa (…)
la corregí en vano, minuciosamente juntándole las cejas
agregándole lágrimas
adornándola con levísima sonrisa
tirándole la lengua para volverla graciosa
mordiéndole los labios para volverla misteriosa.(…)
No quiero más fotografías de esa cara
que no es la misma cara que estaba dentro de una cuchara, ni en el cuchillo, ni en el aljibe,
ni siquiera en el espejo.»

«Amarillo Celeste» ~ Silvina Ocampo

Creo que más de unx la entendemos, a Silvina, quienes a veces todavía tengamos que pelearnos con el tono peyorativo de nuestros pensamientos al vernos retratadxs, esperar a tu amiga que se quiere poner del otro lado y «meter» la barriga, detenernos para no rechazar una oportunidad de quedar en el recuerdo aun sabiéndonos toda la teoría, o por el contrario, quienes juran sanar a base de selfies a mansalva.

Y no es hasta hace unos días, mientras estuve viendo el documental «The B Side» sobre Elsa Dorfman, que no volví a pensar en lo que sería sentir una necesidad visceral por documentar (en este caso fotográficamente) que superara con creces la vanidad, ¿qué saldría de crear así de libre?, por buscar ser alguien además de esposa cuando era «todo» lo que se te pedía, en amar tanto tu proceso creativo como para hacerlo por décadas aunque caducasen todas las tecnologías alrededor del mismo y quebrasen las empresas proveedoras.

Soy una profesional de la nostalgia, ya te habrás dado cuenta, y a veces de asuntos que no he experimentado ni siquiera en mis carnes, si me permites la incoherencia. Un ejemplo claro de esto: ¿revelar fotografías en un cuarto oscuro con una bombilla roja? nostalgia a la potencia.

«También me decía que siempre hay que escribir en contra de algo; un defecto propio o una falla del cuento, y ahora supongo que también me quiso decir que la conciencia plena de una falla es lo único que permite disimularla y remontar esa corriente adversa, que muchas veces también es una característica del género específico que estamos intentado escribir. Uno tiene que ser su propio antídoto, me decía Silvina a veces»

«La hermana menor» ~ Mariana Enríquez

¿Estoy haciendo un buen trabajo en ser mi propio antídoto? depende del día en que se me pregunte.

En todo caso, volviendo al convencimiento y «ovarios» que se requieren para hacer de «tu arte» algo que te alimente, no he encontrado en mucho tiempo algo que visualmente me inspire más que esta foto de Elsa vendiendo sus fotografías dentro de un carrito de supermercado alquilado, en el estacionamiento del mismo, a dos dólares la pieza.

feliz día de las emprendedoras

Te la dedico para que, sea cual sea la fuente de su entereza, sepas que si ella la reunió para pararse allí, tú también puedes creerte hoy un poco más dueña de tus talentos. Y aunque acabo de buscar fortaleza en el diccionario de sinónimos y salía «hombría», tengas constancia en film de que también nos podemos definir así.

Prosa Ojerosa

PD: ¿Qué tengo que hacer para que veas el documental? No puedo recalcarlo más. Así como leer a las dos autoas argentinas de las que hablé aquí. <3

2 comentarios en “En un carrito de supermercado”

  1. Alguna vez vi esta fotografía, me impactó, y en la vorágine de imágenes la había olvidado. Gracias por traerla, por tu forma de hilar contexto y reflexiones. Qué bien sienta su coraje, la imprimiré.
    Pd: me apunto al documental una vez termine la serie en la que estoy dejando lágrimas permanentemente.

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