Influencers de sombrero y otras prácticas heterodoxas

Mientras nos preparamos para cerrar el año, quisiera proponerte que en vez de hablar de cómo haremos balance (que es una palabra que me suena casi violenta en 2020), tomemos un enfoque distinto al asunto entre manos el cual sería, en este caso, arrancar la última hoja del calendario.

Mi propuesta tiene poco que ver con una reflexión o cuantificación de logros alcanzados, no porque no crea en las ciencias exactas, al contrario, sino porque, quizás como yo, estás presentando alergia a la tantísima realidad que nos rodea. Lo llamaremos “un sabio ejercicio de evasión”.

1. Identificación de las reglas no escritas, no habladas

Por ejemplo, hace poco me di cuenta de que me autoimpongo una durísima e inflexible regla; no sigo en Instagram a ninguna influencer de sombrero.

Dice la voz en off: influencer de sombrero hace referencia al prototipo de influencer de estilo de vida que posee un sombrero negro de alerón grande, quien se ha prometido recientemente en las Maldivas, que se toma fotos de espalda en todo lugar paradisíaco a donde llega, cuya casa nunca es un piso bajo sombrío, pero al contrario un lugar diáfano que cuenta de luz solar hasta de noche y que te imaginas siempre ubicado en California, independientemente de su nacionalidad. Es quien siempre que bebe un café, ha de esparcir virutas de un donut colorido que no puede comerse y cuyas fotos te hacen preguntarte si su pareja o mejor dicho amante fotógrafx no estará hartx de ella o él.

No hace falta adjuntar imagen ilustrativa porque sé que puedes imaginar tu propia versión de esto, pero en todo caso, mi intención tras la idea de identificar esta regla tan mía es hipotetizar qué dice ésta sobre mí:

Dice tal vez que quiero seguirme preguntando y encontrando otras maneras de belleza, trabajar en definirla bajo mis propios términos sin tanta «influencia» externa ¿sabes tú por qué sigues a quien sigues? ¿lo que consumes de ellxs te hace sentir bien?

Porque estoy casi segura de que intentas cuidarte de comidas y hábitos que tienden al exceso, pero ¿te cuidas también de los mensajes poco saludables que ingieres a diario?

¿Cuál es tu regla y qué dice de ti? Si no puedes pensar en alguna, te hago invitación abierta a que la crees de cara al próximo año.

2. Aprovechamiento de los talentos naturales

Durante toda mi vida he sido arduamente juzgada por mi manera inusual de dormir. Los comerciales de colchones no me han ayudado de ninguna forma y entonces me pregunto si existe además de mí, alguien en el mundo que duerma boca arriba, a modo de descanso eterno y con las piernas en forma de número 4, una doblada y otra extendida.

Entiendo que, a primeras, esto parezca un talento un poco prescindible, por utilizar una palabra amable, pero no fue hasta que tuvimos a Soja (mi gata) en casa, que me he dado cuenta de mi gran potencial, el cual siempre ha estado allí, que es servirle de cama humana.

Todo esto viene a decir un poco en broma y bastante en serio, que tú eres tu mejor críticx y que tal vez, no hayas considerado que, sirves para mucho más de lo que piensas. Cada vez que lo dudes, ojalá sí recuerdes que existe una publicación de Prosa donde puedes venir a refrescarlo.

Algo sobre lo que ilusionarte en el futuro: encontrar tu talento natural escondido.

3. Evolución y revolución

Si me lees desde hace un tiempo, sabrás ya que soy la primera en caer en la trampa de la machaca mental, la autoexigencia y demás. Sabrás ya también que, vivir con un aparato en la mano con acceso a la caja de espejos, no lo hace más fácil.

Por lo que, si quiero llevarme algo conmigo al 2021, como matemáticamente “te llevarías uno” al hacer una división, es que: el descanso es revolución.

Así como intento tomarme en serio todas mis responsabilidades, asumo una más: la de proteger mi entusiasmo y proveerme de mi propia alegría, así sea, abro comillas perdiendo el tiempo, cierro comillas.

Como diría Carmen Martín Gaite:

“Aquí no me encuentran” eso era lo primero que pensaba, y me instalaba allí a alimentar fantasías; los objetos en libertad parecen fetiches, los muebles son copas de árboles, estoy perdida en el bosque, entre tesoros que solo yo descubro, algo me va a pasar, todo consiste en esperar sin angustia, en dejarse a la deriva, hemos perdido el gusto por jugar y, en el fondo, es tan fácil, me voy a poner más cómoda.

El cuarto de atrás

Me voy a poner más cómoda.

Prosa Ojerosa

PD: Ninguna persona con sombrero sufrió daños durante la realización de esta publicación.

12 comentarios en “Influencers de sombrero y otras prácticas heterodoxas”

  1. La mejor cama calentita para Soja. ¡Me encanta!
    Con lo difícil que es traspasar la pantalla. Y tú llenándola de ternura sólo con la ayuda de un 4.

    ¡Un abrazo, Adri!

  2. Me encanta 🙂 yo dormí así durante un tiempo (yo lo llamaba «postura de flamenco») aunque ahora suelo dormir hecha un ovillo o en plan Drácula (bocarriba, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos).
    Muchas gracias por tus mensajes de paz, espero que paséis unas fiestas tranquilas y llenas de libros.

    1. ¡Postura de flamenco! ¡Claro! Tiene todo el sentido del mundo 😀
      Ya sabía yo que no podía ser la única, solo estamos subrepresentadas en los comerciales de colchón… jajaja
      Espero tú también estés pasando unos días tranquilos y de goce sencillo. ¡Abrazote!

  3. No sigo a nadie que se autodenomine o se presente como Influencer. En mi mente (quizás antiquísima) necesitas un talento, conocimiento u oficio que te permita ‘influenciar’ o ser un referente de equis asunto. Si creo que algunas personas se levantan pensando en su influencia del día, pero si les veo usualmente no les creo: ni a ellos, ni a su espalda, ni su casa con sol 24/7.

    1. jajaja, me río y no porque estés falta de razón sino porque esta respuesta es TAN tú.
      La cuestión es quizá que lo que unxs consideran talento es tan personal que… habrá influencers para mucho rato 🙂
      ¡besos!

  4. ¡Fantástica reflexión! Estos últimos meses de trabajo fueron vertiginosos, nos aproximamos a las vacaciones de invierno envueltas en el enrarecido ambiente navideño de los años 20 y sí, me ha venido genial leerte y pararme a pensar un poco. Pero, sobre todo, parar. Gracias

    1. Lo sé, querida, a mí también me ha costado sacar el tiempo para escribir en medio del caos, si parece que me ha sido sencillo encontrar el momento, que sepas que no. Así que muchas gracias por dejarme una nota de aprecio, siempre me hacen mucho bien.
      Por otro lado, la reflexión no es la más profunda de las reflexiones pero al menos es una promesa no rota.
      Lo dicho, gracias a ti.

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