La inocuidad de ser visible

Sombra extendida por el sol

La inocuidad de ser visible

“Todxs piensan que pueden ser mejor Kardashian que las propias Kardashians. Ahora lo ves, con estas apps, a todxs les encanta tener una audiencia. Todxs piensan que merecen una.” 

~Jia Tolentino, Falso espejo 

 

Cada persona allí fuera, tiene probablemente una idea diferente acerca del consumo de historias en Instagram; por ejemplo, habrá quien considera el círculo morado algo de consulta obligatoria, similar a las notificaciones del correo en números rojos, algo que debe ser “limpiado” al final del día. Habrá quien pase las historias despiadadamente con movimiento ágil del dedo pulgar y quien, por el contrario, sea capaz hasta de sacar del fondo del bolso los audífonos enredados para escuchar esto.

 

Lo anterior, como consumidorxs de historias, ahora, como generadorxs, lo que sí puedo afirmar con certeza, es que a toda persona que se pase por aquí para tener una “presencia online”, se le aconseja mostrar su cara. Y eso también suscita en emisorxs y receptorxs del mensaje variadas opiniones y reacciones. 

 

He hablado con algunas emprendedoras digitales que lo tienen claro, es un no rotundo. Consideran que el mundo les hace una solicitud en extremo exigente y mezquina: la renuncia a su introversión a cambio de visibilidad y una posible monetización, que no sabremos nunca si realmente compensa.

 

¿Hasta qué punto renunciar a un rasgo de la personalidad es inofensivo? ¿Dónde está la frontera que una vez atravesada termina por desdibujarnos? Eso es la introversión, un rasgo de la personalidad, uno que nadie celebra.

De eso hablé más aquí.

 

En mi caso particular, el dilema de grabar videos en internet (sean efímeros o no) choca con algunos aspectos que van más allá del espectro de mi gusto personal. Estos aspectos no son pocos ni son fáciles de sortear, algunos que se me vienen a la mente ahora son:

 

1) Hablar lento se convierte en un problema. Y puede que este problema sea uno antiguo para ti, con el que has convivido desde que eras pequeñx y tenías que intervenir en clase, puede que, siempre te haya costado saber cuándo es el momento para interrumpir la verborrea de un interlocutor extenuante. Entonces, hablar en intervalos de quince segundos nos pone ante la necesidad de elaborar un mensaje eficiente. Lo que perdemos son los matices de una conversación, porque no estamos aspirando a conversar, estamos aspirando a ser escuchadxs ¿cierto?

 

2) Nos expone a nuestro reflejo adulterable, revisable, juzgable: ¿qué sabemos sobre conocer nuestro rostro a través de la cámara delantera de un teléfono y acostumbrarnos a que esa es nuestra apariencia?

 

3) Significa creernos a cada momento dignxs de abarcar ese espacio en el tiempo ajeno, reclamarlo, en el caso de las historias, frecuentemente. Y es con este último punto, con el cual tengo más conflicto, porque no puedo matizar como lo he hecho durante todo este texto, porque a pesar de todas las invasiones de Bezos y Zuckerberg sigo encontrando maneras, con mucho esfuerzo, de proteger mi tiempo y ¿no es injusto seguir pidiendo más del tuyo?

 

4) Implica tomarnos mucho más en serio de lo que a veces me gustaría; nuestro estilo de vida, “nuestra estética”, nuestro consumo:

 

“Incluso hoy, cuarenta años después, aquello le recordó a Belcebú, el primer coche de Marjorie, que compró por veinticinco libras en los años treinta. «¿Seguirían los jóvenes poniéndoles nombres graciosos a sus viejos vehículos?» se preguntó Letty. El sector del automóvil se había convertido en un asunto mucho más serio, poco tenía de divertido, ahora que el coche era un importante símbolo de estatus y podían pagarse grandes sumas de dinero por números de matrícula especialmente codiciados.” 

~Barbara Pym, Cuarteto de otoño

 

Pienso que este es un buen momento para interrumpir mi monólogo, uno mejor para agradecerte haber gastado unos minutos recorriendo estos párrafos con los ojos, y todavía óptimo para preguntarte ¿qué otras sutilezas vas echando de menos? ¿Sigues poniéndole nombres a tus objetos?

 

Prosa Ojerosa

 

 


 

 

 

 

4 Comments
  • felipe
    Posted at 22:50h, 11 noviembre Responder

    tu titulo es un deseo, wishful thinking. Ser o no ser visto, ser invisible o lo contrario: nadie sale enteramente ileso habiendo tomado alguno de esos dos caminos sin bifurcaciones. Tiene todo mucha tela que ni tu ni yo acabaremos en nuestra vida de halar, rasgar, coser o plegar.No sabremos nunca el punto justo de saber estar, y a mi me parece que está bien. Que es necesario estar incómodo, Pues de lo contrario, qué demonios intentaríamos cambiar?

    • prosaojerosa
      Posted at 20:33h, 14 noviembre Responder

      Gracias por tu perspectiva. Me gusta en especial lo de no tratar de encontrar un punto justo de saber estar, porque dicho así, suena a sinsentido. Wishful thinking, sí, hago mucho de eso 🙂

  • Liceray
    Posted at 20:54h, 12 noviembre Responder

    Creo que si la idea es adaptarme al medio para que me quieran, me vean, me compren , tengo que … (mostrar mi cara, hablar rápido y conciso) en ese caso te estás mostrando para venderte… que ya suena un poquito a “me adapto a lo que tú necesitas “ y si el matiz está en ofrecerte? En reconocer tu valor y ponerlo ahí al servicio de otros? Y asumir que quien consume tu contenido lo hace por decisión propia. Que si no lo hace es porque en ese momento no es para el? O Que quizás hablar lento es más un juicio con el que tú tienes un “problema” y los demás no? Además no me quiero imaginar lo que me perdería si no tuvieras tu el valor de compartir tus reflexiones por esta vía (u otra). En fin que yo tampoco soy muy buena en el IG. Miedos, juicios, creencias, pero me gusta crecer… no para estar en IG, si no para vivir un poco más en libertad.

    Un abrazo Adri, gracias por escribir y compartir.

    • prosaojerosa
      Posted at 20:54h, 14 noviembre Responder

      Gracias a ti por estar aquí y por escribirme, sabes que lo aprecio enormemente. Creo que, ser visible a la velocidad que nos lo exigen ya no tiene que ver con cuánto nos ponemos en valor; es decir, no podemos ignorar que toda la rueda está montada para generar contenido todo el tiempo y tráfico, clicks, etc., creo que asumir que quien consume mi contenido es por decisión propia es una verdad a medias porque estamos todxs semi-atados a estas costumbres adictivas con nuestros teléfonos que, sí, son decisión propia de cada quién, pero al final todxs contribuimos a seguir pasando tiempo en estos canales rápidos, a eso me refiero. También soy consciente de que me contradigo y que no existe una “pureza” en estos temas, la única pureza sería un aislamiento forzado y un radicalismo en el que tampoco creo. Tienes razón cuando dices que los juicios que hago sobre “los problemas” que veo, son míos y de nadie más. De esos juicios, tengo muchos, por desgracia 🙂 Gracias por hacerme reflexionar y pensar en todo esto. Un abrazo para ti, Lice.

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