Las enseñanzas de 3 autoras que migraron

El termómetro indica 26 grados centígrados.

¿Pero qué termómetro? ¿De que estás hablando? Bueno, el accuweather.  

Hace días del cambio de armario y estoy yendo a la cama ya, con diferentes camisetas sin mangas que a su vez no combinan con pantalones cortos de vidas pasadas.

Si no te suena esta definición de pantalón, se trata de aquellos que alguna vez fueron para salir a correr.

El verano es, según mis observaciones la estación del año que mayores polémicas levanta. Adeptos y adversarios se reúnen en mesas a no entenderse año tras año sin propósito alguno, ni conclusión.

“Yo es que soy neutral y disfruto de ambas”- me animo a decir algunas veces- porque nací en un país cercano al ecuador, sin estaciones.

Migrar, visto en un sentido grupal resulta casi siempre de una necesidad y, por tanto, es aceptado como tal, como un fenómeno, como el vuelo de los pájaros, como los salmones del río al mar.

Pero es en un aspecto individual, dónde se desdibujan las verdaderas razones. Las personas se van olvidando de las historias recientes de sus países, de sus propios movimientos migratorios, y hacen preguntas, para tratar de comprender qué hay verdaderamente, tras la decisión individual de migrar.

Para esto, cito de “Americanah” de Chimamanda Ngozi Adichie:

“Comprendían todos que se huyera de la guerra, de la clase de pobreza que aplastaba el alma humana, pero no entenderían la necesidad de escapar del letargo opresivo de la falta de elección. No entenderían por qué las personas como él, que se habían criado sin hambre ni sed, pero vivían empantanadas en la insatisfacción, condicionadas desde su nacimiento a mirar hacia otro lugar, convencidas eternamente de que las vidas reales se desarrollaban en ese otro lugar, ninguna de ellas famélica, ni víctima de violaciones, ni procedente de aldeas quemadas, estuvieran ahora decididas a afrontar peligros, a actuar ilegalmente, para marcharse, ávidas solo de elección y certidumbre”.

En esta novela, la autora a la par que narra esta experiencia como mujer africana negra inmigrante en los Estados Unidos, dónde Ifemelu (la protagonista) tampoco forma parte del colectivo afro-americano, en mi opinión, hace un espléndido trabajo en explicar su transformación como ser humano en un entorno a veces hostil, a veces amable, pero a todas, foráneo.

Especialmente, cuando habla sobre el pelo de la protagonista, me hizo pensar en la desaprobación de las culturas, diría que en general latinas, hacia el pelo crespo o siquiera ondulado, y cómo hemos crecido, en algunas sociedades con la idea de que no alisarlo es señal de desaliño.

¿De dónde habremos importado ideas tan extrañas y por qué están tan arraigadas? ¿Cómo podemos sostener esta injusticia contra nosotras mismas? Oigo murmullos en la sala, lo siento, busca dónde hacerte un tratamiento de keratina en tu ciudad y verás que no tienes que ir muy lejos.

Para desviarme de la controversia, mencionaré este párrafo que bien podría abrir la biografía de cualquier venezolano:

“Nací y crecí en un país que recibió a hombres y mujeres de otra tierra. Sastres, panaderos, albañiles, plomeros, tenderos, comerciantes. Españoles, portugueses, italianos y algunos alemanes que fueron a buscar al fin del mundo un sitio donde volver a inventar el hielo. Pero la ciudad comenzó a vaciarse. Los hijos de aquellos inmigrantes, gente que se parecía poco a sus apellidos, emprendían la vuelta para buscar en los países de otros la cepa con la que se construyó la suya. Yo, en cambio, no tenía nada de eso.”

Es lo que comenté anteriormente, cuando eres uno solo y no estás en un grupo de pájaros. ¿Quién mira por ti?

“La hija de la española” de Karina Sainz Borgo es narrativa que escuece, no te lo voy a negar. Pero para mí, sería vital que todos la leyesen.

Soñemos con un mundo donde novela venezolana, no significa Cristal ni Topacio.

A lo largo de esas poco más de 200 páginas, concebí una nostalgia propia de situaciones no vividas pero que me fueron contadas por otros que deseas no lo hubiesen vivido tampoco. Sentí que compartí con la autora mucho más que geografía, también olores y gestos, canciones, el color de los pueblos, el sabor de la fruta y, sobre todo, lo más importante, le hace justicia a la debacle, a la pérdida de la más mínima dignidad humana que muchos seres queridos atraviesan ahora en Venezuela.

Le llaman oportunista al haber escrito (y al momento de publicación de) esta novela. Yo voy a utilizar otro adjetivo: apremiante.

Para ir cerrando, tomo de “El Plan Infinito” por Isabel Allende:

“- Esta carta dice claramente que estarás metido con la Ley.

– ¿No dice si voy a ser rico?

– A veces rico y a veces pobre.

– Pero llegaré a ser alguien importante ¿verdad?

– En la vida no se llega a ninguna parte, Gregory. Se vive no más.”

Vivir. Depende donde hayas nacido, es mucho más de lo que algunos pueden aspirar.

Ahora es tu turno ¿has leído ya alguna de estas novelas? ¿Algún otro título sobre emigrantes que te haya enseñado mucho? Dímelo abajo.

PROSA OJEROSA

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