Lo mejor de la semana

Medio en serio, medio en broma, mi padre bautizó así al día de la semana en que, como familia, comíamos las sobras del resto de los días.

Como toda persona joven que yo era, (y soy, depende de con qué vara se mida), este día, que por lo general eran los viernes, era un castigo, ¡injusticia! Llegar del colegio y comer recalentado era, muy poco excitante y totalmente subestimado por mi parte.

Entonces llega la edad en que algo sabes de precios, del esfuerzo de poner un plato medianamente nutritivo y sabroso sobre la mesa. ¡Ah! Y la inflación; eso era como una enfermedad para economías de segunda, ¿no? <- Sarcasmo

Así empiezas a entender el significado de ‘lo mejor de la semana’ como algo mucho más serio que una broma porque cualquier día en que tengamos suficiente para llenar el plato y después la barriga, es un día, de lo mejor.

Honestamente creo que nos damos poco crédito por este logro. Nos debemos a nosotrxs mismxs el orgullo por ser capaces de proveernos alimento mucho más seguido y ser felices por ello. Por el simple , no tan simple, hecho de tener los medios.

Sin labrar, ni cazar o pescar, pero igual igualmente capapaces de transformación y sustento, para mucho más que subsistir, también para sentir placer. En este documental gastronómico basado en uno de los libros de Michael Pollan, se expone, a mí parecer, con exceso de belleza.

Pero bueno, dicho esto, en realidad todo lo que antecedió viene a ser una introducción a cómo me he convertido día a día, minuto a minuto, en mi madre:

  • Amo la avena de maneras insospechadas, y una de las razones es por su relación calidad / precio
  • Soy bastante laxa con la fecha de caducidad de los productos
  • Busco formas de reparar y cada vez tengo/compro menos ropa
  • Reutilizo servilletas de dudoso uso que se quedan desperdigadas después de la comida, para limpiar la encimera de la cocina
  • Pasé de ser doña accesorios a usar la misma mochila

Otros niveles no alcanzados (todavía) comprenden:

  • Racionar el “fairy” en un cuenco con agua
  • Guardar tres guisantes en un tupper “para luego” ¡y que se cumpla!
  • Decir «cómetelo todo que aquí no hay ni perro, ni burro, ni gato que se coma eso»
  • Oler con esmero la comida guardada y decir “esto está perfectamente y si no, me lo como yo”
  • Entrar en proyectos de gran envergadura sin miedo y sin YouTube: reparación de WC, impermeabilización de techos, costura y confección, por nombrar solo algunos.

¿Y por qué te hablo de mi madre? Porque es por ella por quien más temo en estos días de virus rampantes y ¿cómo ignorar que me ha enseñado tanto sobre el valor de las cosas? Que me equipó de un millar de lecciones cuando no me interesaba escucharlas, pero aun así continuó, insistente, porque fui uno de esos proyectos en los que se embarcó sin miedo o con él encima, y no se rindió, aunque no tenía certezas de cómo terminaría.

Esta es mi verdad sobre las que llamamos “personas de riesgo” a la ligera, que el mundo a veces es un lugar terrorífico, pero sin ellxs, lo es más.

Para terminar, hablaré de nuevo sobre “El coste de vivir” de Deborah Levy (si no he sido suficientemente pesada ya para que la leas), debido a que siento profunda admiración por la manera en que entrelazó su primer año de divorciada con la historia femenina, y su propia relación con su madre. Sinceramente, dudo que haya un libro mejor para cerrar este texto.

“I had energy because I had no choice but to have energy. I had to write to support my children and I had to do all the heavy lifting. Freedom is never free. Anyone who has struggled to be free knows how much it costs.”

«Tenía energía porque no tenía más remedio que tener energía. Tuve que escribir para apoyar a mis hijxs y tuve que hacer todo el trabajo pesado. La libertad nunca es gratis. Cualquiera que haya luchado por ser libre sabe cuánto cuesta.»

Por último, ahora sí, una cita de Marcel Proust contenida en el mismo libro:

“Las ideas son sucedáneos de los dolores; desde el momento que estos se transforman en ideas pierden una parte de su acción nociva sobre nuestro corazón”.

Marcel Proust

Supongo que eso hago, exorcizar dolores.

¿Cómo lo estás haciendo tú?

Prosa Ojerosa

PD: Maneras de exorcizar dolores pasados, presentes o futuros, aqui: (te leo)

6 comentarios en “Lo mejor de la semana”

  1. Pues yo soy de las que guarda los 3 guisantes para luego y se los pone a cualquier cosa y ultimamente empiezo a oler los tuppers de la nevera! Todxs vamos para allá!

    1. No sabía que ya estabas allí, ¡Jaja! Me alegro mucho por tu economía de hogar y por los recursos del planeta que están más seguros contigo 💓

  2. Sospecho que todos nos encontramos en está tesitura. En cualquier caso, educación mediante, en mi casa nunca se ha tirado nada, ¡NADA! de comida. Ahí estamos comiento un potaje con cebolla que sabe ‘un poco fuerte’ o quitando el moho a alguna verdura, fruta y queso y comiendonos el resto.

    Así es, son tiempos de valorar lo que tenemos.

    !!Saludos y ánimo!!

    1. Mucho ánimo también para ti. Son bonitas (y útiles) esas enseñanzas de economía del hogar que compartimos, sin duda.

      ¡ Saludos, Eduardo !

  3. Oh por dios! Mi madre se parece tanto a la tuya solo en algunas cosas, ya q ella si sigue amando la ropa y los accesorios! Pero yo también voy rumbo a ser ella… y ya huelo y declaró q está en perfecto estado y sino, le doy yo… 🤣

    Mi persona en riesgo…. en un país de guerra

    Me encanto 😍

    1. Qué locura cómo estoy aprendiendo que todas mis amigas se han vuelto «esnifadoras» de comida «vieja». ¡jaja!
      ¡Gracias, amiga! <3

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