Lo simple y la extinción del cuaderno de viaje

Hay muchas cosas que, como madre o padre, se quiere inculcar a los hijos. Eso me imagino, puesto que no tengo. Pero como hija sé, que hay otras tantas que nos transmiten sin querer hacerlo. Para mí, ‘eso’, ha sido ‘lo simple’.

Por ejemplo, en uno de los viajes que hicimos en familia, mis padres me llevaron a elegir un cuaderno, -el que más te guste- dijeron. La finalidad era que escribiese cada día lo que habíamos hecho y que pegara en él, las entradas, billetes de tren u hojas de árboles de aquel día en especial.

Sé que probablemente me dieron ‘la charla’. La charla para que valorara este viaje, porque era un esfuerzo importante que hacían para poder ir todos juntos. Sin embargo, no lo recuerdo, lo que sí recuerdo es la portada del cuaderno, colorida, robusta, recuerdo escribir en coches en movimiento sin marearme y recuerdo exigir que todos guardasen sus evidencias físicas, para registrarlas en mi libreta. Eso hizo ese viaje en particular, inmortal.

En una de sus acepciones, la RAE define lo simple como lo sencillo, lo que es sin complicaciones ni dificultades. Para mí, en cambio, se define así:

Es que tu abuela te ofrezca todo lo que tiene en la nevera, aun sabiendo que estás en una fase en que no te gustan las frutas y en plena certeza de que no acertaría si decidiera comprarte hoy un regalo de cumpleaños.

Es la manera que tiene de secar cada taza después de lavarla, como si fuera la vajilla más fina, aunque tenga 30 años de uso.

Es el detalle que tiene tu suegra de ofrecer plancharte el abrigo antes de que salgas por la puerta.

Es el beso que te dan por las noches, sin tu haberlo pedido, solo porque le has inspirado eso al verte dormir.

Es sentirte bien con el número de pertenencias con las que cuentas y dejar de buscar más por un tiempo.

Es comprar solo una cebolla para la comida porque no necesitas más ahora y no todo tiene que estar previsto.

Es el efecto que tienen tus palabras cuando las dices en el momento justo que las necesita.

Es acabarte el yogur raspando el envase con la cuchara hasta que lo único que quede solo sea extraíble con la lengua.

Es no asumir, no adelantarte, no buscar la perfección del cuerpo, por nada, ni por una boda, ni una sesión de fotos, ni por tu cincuenta cumpleaños.

Es la canción por la que te recuerdan tus sobrinos, que bailabas haciendo una coreografía inventada en exclusiva para ellos.

Es que cuando se apaga una vela, aun lo asocies con tarta, refresco y el olor a globo en tus manos.

Es confiar en que, si de un proyecto, haces mil cosas de manera simple, la mil una ya no se sentirá tan complicada.

De hecho, en mi opinión, lo simple es delicado. En un momento lo tienes y al otro, quizás ya se ha esfumado. Un tanto difícil de notar. Algo así como Virginia Woolf describe el pensamiento en “Una habitación propia”:

“El pensamiento -para darle un nombre más noble del que merecía- había hundido su caña en el río. Oscilaba, minuto tras minuto, de aquí para allá, entre los reflejos y las hierbas, subiendo y bajando con el agua, hasta -ya conocéis el pequeño tirón- la súbita conglomeración de una idea en la punta de la caña; y luego el prudente tirar de ella y el tenderla cuidadosamente en la hierba.”

Este enunciado me parece absolutamente bello e ingenioso, así como todo este libro. Comparar el momento sigiloso en el que se te ocurre algo, con la pesca, es exactamente de lo que hablo. De no perdernos en la corriente del río y sentir ‘el tirón’.

Algo que, sin yo esperarlo, me ha llevado a volver a lo sencillo, es el taller de escritura “Tu Mapa Creativo” que ha creado Amalia Flores. Ella me ha enseñado durante este mes de julio, que escribir es prestar(me) atención, me ha dado múltiples recursos para abrir los sentidos y me ha hecho muy feliz en el camino.

Es un taller que hicimos en un grupo de cinco mujeres (lujo), de las que aprendí montones, con las que tuve verdadero sentido de comunidad y pertenencia. Lo dejo caer aquí porque abre de nuevo en septiembre, y lo guardaría como mi mejor secreto bajo la manga, pero es tan bueno, que merece ser compartido.

Ya que hablamos de escribir, y de escribir cuadernos de viaje, en un tiempo en que nuestro único cuaderno de viaje es instagram y nuestras evidencias duran 24 horas, yo quiero hablarte de Tintablanca. Dime que, tras ver su web, no hay un enano con síndrome de Diógenes en tu cabeza ahora mismo, implorándote que empieces a coleccionarlos de manera compulsiva. Porque yo sí.

Ya que me lo preguntas, me interesa mucho el de Nueva York y mi cumpleaños es en octubre. Doble guiño.

Sin más dilación, ¿qué piensas de esta última frase?

“Soy el reflejo de la poesía secreta de mi madre, así como de sus iras ocultas” – Audre Lorde

Prosa Ojerosa

PD: Pincha aquí para leer este poema de Gata Cattana que titulaba la Newsletter de hoy. Vale la pena el click 🙂

10 comentarios en “Lo simple y la extinción del cuaderno de viaje”

  1. Para mí lo sencillo es un paseo por la orilla del mar o lo más cerca posible de su abrazo, ver a mi perro jugar, disfrutar de la cómida preparada por la mamá, ver el vuelo de alguna mariposa monarca por mi jardín… En definitiva, vivir. Vivir el presente. Acogerlo entre los brazos con fuerza sin pensar en el futuro. Solo vivir.

    1. Gracias por compartir eso tan bello, espero que todos los días del mundo tengas algo sencillo que presenciar y sentir. ¡Sigue inspirando!
      Un abrazo cariñoso.

  2. Mi queridísima, cada día te superas. Me fascina tu contenido, me inspiras y me haces descubrir cosas y necesidades. (Como ese taller de Septiembre! Ya le escribí a Amelia y ese poema ❤️❤️❤️)

    Gracias por darle luz a este tú proyecto, me encanta, de veras.
    Aquí tu fan. 😘

    1. Ay Lau, bella, no sabes lo que me regalas con este comentario.

      Me cuestioné por años para darle luz y aun me debato muchísimo antes de sacar contenido. Es todo un proceso, uno que es mucho más divertido vivir si cuento con ojos amables, como los tuyos, del otro lado.

      Ojalá te apuntes a tu mapa creativo y sigas explorando todos tus talentos, que sé que son múltiples e inmensos.
      Besotes de colores.

  3. Algunos amores son simples, como el que yo siento por ti. La playa es simple, o la alegría que me produce el sol en un día frío. Los huevos con chorizo y el pan tostado son el ejemplo perfecto de simpleza maravillosa. Ser amable, es simple y sonreír, a veces no tanto pero son músculos que han de ejercitarse. Si la mayoría de días sonreír es simple, toca levantar la copa y celebrar. Respecto al cuaderno de viajes, lamento no haber sido persona de bitácora o ‘Querido Diario’, porque los objetos, las imágenes, la caligrafía, tienen memoria. Valen por lo que evocan! (Tr imaginas una entrada de diario de Montgómera Jomeina?)

    1. Fiuti sis, te quiero infinito.¡Y qué cierto es! Pensar en que tu estás en mi vida, hace que sonreír sea simple, eso para empezar. En cuanto a razones para celebrar, tu siempre has sabido identificarlas y hacerlo oportunamente, un gran valor.

      Yo también daría mucho dinero por leer un diario de Montgómera Jomeina y sus peluches Salvador y Eduardo. (Aunque no sé si coincidieron en la misma época… jaja!)

  4. Oh¡ pero no somos nada simples… incluso el que se tiene por llano y sencillo es tremendamente complejo. Quizás por esto nos atraiga la simplicidad… por puro contraste. Ser capaz de captar la belleza en todo lo simple, me apuesto algo a que requiere de aprendizaje y pensamientos complejos. Creo que lo de ver tanta belleza en tan poco es también, una tarea de asociar, de recordar, de proyectar, imaginar, sentir y oír…. y todo eso junto, me da a mi que ya no es «simple». En fin… que me parece qye mas que afoptar el «back to the basic» como mantra, hay (tambien) que abrazar la complejidad, (el refinamiento o la sofisticación) que nos permita valorar lo simple si es bueno o bello…Recordando que hay cosas que son poco complicadas y nada bellas o lo que viene a ser lo mismo, simplemente feas.

    1. Yo también creo como tú que, para ver la belleza de lo simple necesitamos de aprendizaje, experiencia y que entran muchos aspectos de nuestra personalidad y psiquis en juego. Sin embargo, no creo que el «back to the basics» sea descartable por ello y pienso, que la complejidad está suficientemente aceptada y cobijada.

      No queriendo nunca decir que todo lo simple sea bello, ni mucho menos, por ejemplo sacarse un moco es simple, y no es bonito de ver.

  5. Para mí lo simple es estar haciendo esto, contestarte, porque es lo que quiero hacer ahora, es estar con los que quiero, es dejar el reloj a un lado y hacer lo que me apetezca en ese momento, es disfrutar con lo que haces…
    Me gustan los cuadernos, Yo suelo reunir todo lo que vamos recogiendo en los viajes con las fotos. Me gusta hacer álbumes de fotos,ahora no hay problema con las fotos, antes solo tenías un carrete y había que aprovechar 😊

    1. Pues muchas gracias por incluirme en la lista de cosas simples que te apetece hacer. Sin duda, disfrutar de todos los momentos sin reloj, sería ideal.

      Y es verdad, ¡el carrete! qué difícil sería volver ahora a moderar cuántas fotos vamos a sacar. Y luego debías ir a un sitio a revelarlas….. a lo mejor ¿eso hacía que las valoráramos más?

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