Los lunes, portarse bien y la paradoja de la resignación

Ocurre de vez en cuando que, estás navegando tranquilamente, deslizando el contenido que generalmente tanto te gusta leer y te topas con un texto largo acompañado de muchos comentarios y ‘feedback’ positivo. Lo expandes para sumergirte en la historia y todo va bien.

Las palabras son agradables y bien utilizadas, puntos y comas donde deben ir, cadencia, buenas ideas, del tipo que necesitamos escuchar más seguido, por lo general alentadoras y de repente, lo ves. Justo en el medio de una línea, esa que habla sobre no tener que ser super mujeres, afirma también que el movimiento ‘body positive’ horroriza por su connotación de llamado a la resignación.

¡Bruuuuurrrr! se desatan las abejas, el enjambre de la mente, las ganas de comentar, el detenerse, pensar. Mejor lo anoto para escribir con la mente en frío, “¿body positive resignación?” apunto en el bloc de notas.

Sí, con signos de interrogación. Porque lo dudo, dudo que un movimiento que es inclusivo sea resignarse. Todo apunta a que, como sociedad, tras décadas y siglos de una convicción, cualquiera que sea, sea el matrimonio heterosexual o sean los cuerpos delgados “la norma”, nos cuesta la vida volver a incluir.

Me cuesta creer que sea resignación cuando hay que librar una batalla con la mente muchos días para aceptar que eres diferente a esa norma, que hoy no te felicitarán por verte más “sana” o quizás más “repuesta”. De hecho, creo que es lo contrario a resignarse.

Cambio de escenario y ahora estoy en la parada del tranvía. A plena luz del día, cerca de las 6 de la tarde. Ella está sentada en uno de los bancos con todo el atuendo deportivo puesto, llamativo, escucha música con cascos grandes, una coleta bien alta y sobre las piernas, un tupper. Lleno de pechuga de pollo desmenuzada. Lo mastica con ahínco, y a veces entre bocado y bocado, se le escapa en voz alta, la letra de la canción que oye.

Supongo que, a esto llaman no resignarse. Sin duda ella es la personificación de alguien determinado. Porque está convencida de que puede cambiar su cuerpo, si come las meriendas a las horas pautadas, si dedica tiempo al gimnasio y si al fin de cuentas, el total de calorías ingeridas es menor al de las quemadas.

Y no se equivoca, lo conseguirá. Porque todo lo que nos proponemos lo haremos y porque, en el camino recibirá la validación interna y externa que estamos acostumbrados a recibir cuando nos estamos ‘portando bien’.

No me malinterpretes, sé que ejercitarnos nos trae múltiples beneficios, a corto y largo plazo que yo misma he experimentado, tanto al salir de una clase de yoga caminando en una nube, así como al correr unos kilómetros con el fuego en las mejillas. Sin embargo, no me digas que no hace falta ser una super mujer y al mismo tiempo, que no sea conformista con mi cuerpo.

No me digas, que no tengo que ser la mujer maravilla, pero alabes el estilo de vida de la chica del tupper lleno de pollo en el tranvía, porque en secreto es lo que estamos haciendo cuando un movimiento de aceptación de nuestros propios cuerpos nos “horroriza”. Afirmar que, si no estamos dispuestxs a cambiarlo, algo está mal.

¿Qué nos ha convencido de que merecemos desear “ponernos serios” cada lunes?

Lo he visto claro al escuchar el episodio número 168 del podcast ¿De qué tiene hambre tu vida? de Ana Arizmendi entrevistando a Raquel Lobaton, sobre Nutrición Incluyente. Me ha hecho mucho bien y tengo muchas ganas de que se haga viral, que nos lo hagamos escuchar unxs a otrxs, tantas veces como haga falta, pues me ha marcado un antes y un después en la comprensión sobre lo que es habitarnos y ser amables con nuestras partes.  Si llegas a escuchar este podcast, también puedes aprovechar de escuchar, el último episodio con Desnúdate Autoestima Corporal, o de paso ya seguirlas, tanto a entrevistadoras como a entrevistadas porque sólo saben dar y construir.

“Fuera de esos raros momentos de lucidez en los que se me aparecía el lado sórdido de la enfermedad, me vanagloriaba de ella. Me repetía que era bueno actuar contra mí, que tanta hostilidad hacia mí misma me resultaría saludable. Recordaba el verano de mis trece años: era una larva de la que no salía nada. Ahora que ya no comía, tenía una intensa actividad física y mental. Había vencido el hambre y, en adelante, disfrutaba de la embriaguez del vacío”

Esto dice Amélie Nothomb en su “Biografía del hambre”, que es a la vez un libro autobiográfico sobre su padecimiento con la anorexia, continúa:

“Aquel modo de vida jansenista -nada en todas las comidas del cuerpo y del alma- me mantenía en una era glacial en la que los sentimientos ya no crecían. Fue un respiro: había dejado de odiarme a mí misma.”

Quizá amor hacia nosotrxs mismxs es de lo que nunca deberíamos perder el apetito. Tal vez sea lo que debería preocuparnos. O, aprender a portarnos bien tenga muchos otros significados, como cuando nos hacían probar el brócoli de pequeñxs y nos celebraban sólo ese hecho.

¿Por qué limitar cada vez más lo que comemos y cambiarlo por los super alimentos del momento, desconfiando del resto de ellos como los posibles sospechosos en una escena del crimen? Cuando bien podríamos probar un platillo de cada país del mundo en menos de cuatro años, así como lo hizo Sasha Martin (sólo en inglés). Con el único deseo de que, Ava, su hija, comiese bien y amara el mundo.

¿Por qué no querer eso para ti?

Estoy convencida de que todo está en los por qués y en el quién ¿quién serás cuándo cambies tu cuerpo? Me temo que al igual que hoy, serás tú, y eso, es bueno.

PROSA OJEROSA

PD: ¿Era una paradoja? -preguntó Mr. Erskine-. Creía que no. Quizá lo era. Bueno, el camino de las paradojas es el camino de la verdad. Para poner a prueba la Realidad, hay que observarla en la cuerda floja. Cuando las Verdades se vuelven acróbatas podemos juzgarlas.

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

8 comentarios en “Los lunes, portarse bien y la paradoja de la resignación”

    1. Isel, muchas gracias por este comentario que me regalas.
      Espero todo el material te aporte mucho y salgas de él aún mejor que como entraste. Un abrazo fuerte.

  1. Adri, recuerdo cuando te decía que a través de tus letras tocas almas. Hoy tocaste la mía, como anillo al dedo mientras muerdo la pizza que me pedí y bebo mi vino tinto junto a mis dos perros con José José de fondo.
    Te quiero mucho, continua haciendo esto que lo haces muy bien.

    1. Así es Faby, como te dije por privado, tus palabras de aliento sirvieron y mucho.
      Ojalá te toquen mis letras muchas veces más. Te abrazo.

  2. Hola! Muy buena la reflexión, en el último párrafo, justo me recordaste a mí, cuando iniciaba una dieta nueva, quien seré? Esa era una expectativa que me mantenía en estrés, porque nunca llegó, porque me mantenía con la vista en el futuro y lejos del presente. Mi cuerpo ahora es para habitarme, para disfrutar la comida, y para decir está soy yo. No necesito cambiar para ser amada y aceptada. Ha tomado añales… Se va logrando día a día

    1. Rosylu, qué maravilla sentir que esa guerra constante ha terminado para bien. Ojalá muchas nos sintamos como tú.
      Gracias por tus palabras.

  3. Hoy es domingo y planeo manana lunes «ponerme seria» que lucha!!
    Gracias por estas palabras que me haran manana seguir con mi objetivo pero con un proposito aun mejor que antes!
    Sigue regalandonos esto pls!!!

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