No estás sola

Ahora que ya la sincronicidad de la música no es casi nunca compartida, ahora que cuesta mucho más el coincidir en lo que sea que estemos haciendo, justo estoy pensando en ti.

También es ahora, cuando nos hemos apoderado del audio y pudiera, en la mesa de mi casa, crear un programa y entrevistar a alguien que no me conoce de nada.

Ya no te puedes despertar alteradx por la voz de la radio que te indica que el tiempo se ha saltado unos años como en “Regreso al futuro”, porque en la actualidad nos levantamos mediante alarmas de sonidos de la naturaleza o de luz gradual.

Tampoco te puedo dedicar una canción como lo hizo Ross con Rachel en su primera pelea, ¿te habías percatado de que estamos llegando al final de ese gesto romántico?

Dicho sea de paso, una aprendiz de bruja de 13 años, ya no le pediría a su padre como único recuerdo antes de marcharse, que le regalase su radio portátil, porque está claro, no es el último iphone X plus pro advanced.

Las películas de Miyazaki en Netflix

Las casualidades se vuelven más escasas.

Desde que la radio no representa lo que representaba, y los podcasts tomaron el mundo, es más difícil que estemos escuchando la misma canción en este exacto momento, sin embargo, no estás solx, nos une este espacio. Me resulta entre curioso y exquisito, que, aunque algunxs den por muertos a los blogs, una de mis letras te haya hecho brincar a la otra, como cruzando un lago paso a paso a través de piedras que se tambalean y ahora, nos encontremos aquí enredadxs al final de esta línea. Quizá con los calcetines algo mojados, pero a salvo.

Estás a salvo.

Si has podido observar algo de mí, a lo mejor ya te has dado cuenta de que a veces me entra la melancolía por las cosas a la vieja usanza, por el movimiento que ahora resulta tan casero, de una cámara sin trípode al inicio de una película de 1938.

O, por el recuerdo de la tecla «REc » que, siempre me va a traer a la memoria, cuando teniendo pocos años, mi primo y yo, nos apurábamos a grabar en cassette si daban Bohemian Rhapsody y hacíamos servir cualquier objeto de micrófono, para darle fuerte a los coros.

Y es por eso que rescato de la nostalgia, una novela tal vez mediocre, tal vez hermosa, que transcurre en la riviera italiana, con guiños al viejo Hollywood. Yo lo escogí en un aeropuerto por la portada, en eso, no te miento:

“Las palabras y las emociones son simples monedas. Si las inflamos, pierden valor, como el dinero. Comienzan a no significar nada. Usa “bello” para describir un bocadillo y la palabra no significa nada. Desde la guerra, no hay más espacio para el lenguaje pomposo. Las palabras y los sentimientos son pequeños ahora- claros y precisos. Humildes, como los sueños”

Jess Walter – Beautiful Ruins

Del mismo modo, puede que por esta rapidez con la que solemos hacer ‘click’ en pantallas, y asumir y asumir información, haya tenido un impulso de comprar el primer libro escrito por un monje que me he leído en mi vida. “El arte de vivir con sencillez”, que me hizo pensar en algo de una forma en la que nunca lo había hecho antes:

“La felicidad que surge de tomarnos nuestro tiempo: imagina que vas al bosque a buscar leña. Con la leña enciendes una hoguera y pones a hervir el agua. Mientras vas moliendo los granos de café, levantas los ojos al cielo y dices: ¡Qué día tan hermoso! (…)

La vida requiere tiempo y esfuerzo. Por decirlo de otro modo, si eliminamos el tiempo y el esfuerzo, eliminaremos los placeres de la vida.”

Shunmyo Masuno

Pero, ¿qué me dices de aquello de disfrutar con el paladar y la lengua?

“Todos nuestros alimentos pasan por las manos de un centenar de personas antes de llegar a nosotros. (…) ¿Por qué nos agradan tanto las cosas deliciosas? Porque la vida que hay en nosotros saborea lo que ha sido cultivado por la vida que hay en otro.”

Shunmyo Masuno

En conjunto, me lleva a la idea de oír e indiscutiblemente a amar el cuerpo que nos permite dicho disfrute, y la buena noticia es que Cara Cifelli tiene un podcast para cubrir esa necesidad: “Love your bod pod” (en inglés). Pero si el inglés no se te da, no hay razón para la angustia, aquí te dejo esta otra entrada con dos podcasts para ambientar y una última, sobre la mal llamada «resignación» de abandonar la cultura de la dieta, con un podcast más que nunca fallo en escuchar.

Antes de irme, mientras pasan esos minutos que ya no te hacen falta para sintonizar la emisora que nos ubicaría en la misma frecuencia, ese tiempo que se resume en un ‘tap here’ y en un deslizar hacia arriba, exclamo como Julio Verne lo hizo en 20.000 leguas de viaje submarino:

¡Solo pido vivir cien años más para acordarme de ti por más tiempo!

No estás solx, con un poco de suerte, estamos en la misma página pero tardaremos en descubrirlo, la guardarás en un compartimiento interior hasta que una de sus líneas te haya cambiado lo suficiente y en un asentir, en un mismo movimiento, advirtamos, que tu conflicto no es tan único y que en verdad, siempre he estado aquí.

Prosa Ojerosa

PD: ¿Me recomendarías un podcast para la audio-melancolía?

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