Sin título ni frase clave objetivo

El día que me senté en la moqueta de casa a leer un atlas con seis años y el atlas me cubría todo el largo de las piernas, aprendí que Argentina es el fin del mundo si no das la vuelta entera. También supe que el traje tradicional de las señoras en Holanda lleva zuecos y que los suecos son nativos de Suecia; era rubita la muñeca con un pañuelo en la cabeza y un delantal, le gasté el color de la cara de tanto pasarle el dedo y lo quise arreglar con el creyón pero de la emoción me salió un garabato color naranja mucho más grande que la circunferencia de la cara -los libros no se rayan-. El día que me senté en la moqueta de casa a leer mi primera biografía fue la de Galileo Galilei que escogí sinceramente porque su nombre ya te da risa y en la lengua te da cosquillas. Es un señor, en toda regla, nacido en Pisa, que no se come porque es un lugar -dice mi papá-. Ese fue el mismo día de ‘una, dola, tela, catola’ por la noche y por la noche, con la luna afuera y yo arropada en hallaquita fue el día de -¡lo haré yo, clo,clo!- la gallinita colorada que también tenía su voz. El día que me senté en la moqueta de casa y quise saber de dónde vienen los niños, saqué ese libro de la estantería y a base de fotos en blanco y negro me di cuenta de que, a las que van a ser madres les sale mucho pello allí abajo, -pero mucho- y que puede ser de distinto color al de la cabeza, las fotos de cuando sale el bebé me las salté. El día que me senté a leer “Escalofríos” ya no estaba en la moqueta de casa, sino en un suelo fresco de granito en el cuarto de mi amiga Zoila, es el día en que escuchamos las Spice Girls en CD y los CDs sí se rayan, es un hecho de la vida misma. Este día se hace todo con música, se hace acompasado con mis amigas, quiero decir, al mismo tiempo que ellas y con su beneplácito; es el día que duró un verano y leímos el diario de Anna Frank con los Backstreet Boys de fondo, nos escribimos cartas con bolígrafos de gel y si es dorado o plateado sobre papel negro, le da mucho caché. El día que me senté a escribir sobre mi primer concierto, fue porque mi mamá me dio la idea, de lo contrario no se me habría ocurrido y no lo distinguiera de los demás a los que he ido. Al pedirme esto, entiendo que me quiso decir que es importante vivir y asimismo recordar. El día que me senté en un tren a escribir en mi primer diario de viajes que ella me dio a elegir, vi que para recordar había que registrar y para saber qué registrar, intenté ver con ojos nuevos las cosas de siempre. El día que me senté a escribir en un chat llamado “Intertulia” todavía Yahoo no había sucumbido ante Google y pensé que era mucho más fácil gustar porque por escrito era mi yo más ocurrente, fue el mismo día que me invitaron a salir y me negué alegando que iba a llover. Que las palabras no te vuelvan a proteger de vivir -me dije- pero sigue siendo un error que frecuentemente cometo. El día que me senté a intentar mantener nuestra relación viva por e-mail duró mucho más de veinticuatro horas, pero cuánto me alegro de haberlo hecho. Entendí que las frases nos hicieron las veces de hamaca en las que pudimos acostarnos, que estas tienen forma de paréntesis y nos dieron un descanso de lo que por el contrario es una relación en sus comienzos, dos seres con mucha prisa. El día que me senté a escribir esto no sabía que podía escribirlo y así pasa cada vez, sin embargo, me siento a escribir y a leer. Descanso en frases. Me escondo detrás de las palabras cuando en verdad mi intención era pronunciarlas. Gusto más, gusto menos, como la eñe, como la k. Debo registrar. Quiero recordar.

Prosa Ojerosa

PD: Texto escrito para uno de los talleres de Amalia Flores quien con su talento, guía y habilidad para construir redes sostenedoras y amables, forma parte sustancial e irreemplazable de mi fortuna durante estos dos años de Prosa. Es a ella y al grupo maravilloso de Lavanderas a quienes les debo una práctica más frecuente de la escritura y por si fuera poco, una confianza mayor en que puedo hacerlo y es bueno que lo haga. Gracias, amigas.

10 comentarios en “Sin título ni frase clave objetivo”

  1. Gracias a ti, Adri. Por dejarte ver siempre entre las letras, por regalarnos tantos detalles trepando por tus textos. Eres una desvergonzada 🙂

  2. Qué maravilla ❤️ Da gusto leerte y vivir todos esos momentos que tú ya viviste.
    Me ha alegrado mucho volver a recibir un correo tuyo.
    ¡Un abrazo!

    1. Yo siempre me alegro mucho cada vez que te veo por aquí, gracias por sostenerme querida María. Te mando otro abrazo fuerte. Qué bueno que te gustó este texto tan diferente a los demás <3

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